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¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

La vida de Ortega y Gasset estuvo desde un principio ligada a las letras. Su padre, José Ortega Munilla, fue director de Los Lunes del Imparcial, prestigioso suplemento literario del diario más importante de la época, El Imparcial, fundado por Eduardo Gasset y Artime, abuelo materno de Ortega. Éste pasó sus primeros años en Madrid, con temporadas en Córdoba y estudios en el Colegio de los Jesuitas en Miraflores del Palo (Málaga, 1891-97). Al año siguiente estudió en Deusto, y luego en la Universidad de Madrid. Se licenció en filosofía y letras en 1902 y se doctoró en 1904 con una tesis sobre Los terrores del año mil: Crítica de una leyenda. De 1905 a 1907 estudió en Alemania, en las universidades de Leipzig, Berlín (donde siguió cursos de Simmel) y sobre todo Marburgo (donde fue discípulo de los neokantianos Cohen y Natorp). En 1908 fue profesor de la Escuela Superior del Magisterio, de Madrid, y en 1910 ganó la oposición a la cátedra de metafísica de la Universidad (que antes había desempeñado Salmerón). Ortega comenzó a publicar en 1902 (Vida Nueva, Faro, El Imparcial, Revista de Libros, etc.); de 1914 a 1915 dirigió la revista España y en 1914 publicó su primer libro, Meditaciones del Quijote; en 1916, una colección de ensayos anteriores, Personas, obras, cosas, y el primer volumen de El Espectador, casi una revista personal (8 vols., hasta 1934). Este mismo año hizo su primer viaje a la Argentina, invitado por la Institución Cultural Española de Buenos Aires, y tuvo un enorme éxito, que lo dio a conocer en toda Hispanoamérica. En 1917 se fundó El Sol, un diario de muy alta calidad y prestigio, donde Ortega colaboró con frecuencia. Dirigió la Biblioteca de Ideas del Siglo XX, de Espasa-Calpe, y en 1923 fundó y dirigió la Revista de Occidente (que alcanzó el máximo prestigio y se publicó hasta la Guerra Civil en 1936) y la biblioteca de esta revista, cuya actividad no se ha interrumpido. Durante la dictadura de Primo de Rivera mantuvo Ortega una actitud crítica, especialmente frente a las intervenciones políticas en la vida intelectual y universitaria, y en 1929 renunció a su cátedra; en esa misma fecha dio su famoso curso extrauniversitario ¿Qué es filosofía? (publicado después de su muerte, en 1957), contenido principal del libro al que nos referimos en este breve escrito.
En 1928 había estado en la Argentina por segunda vez; en esta fecha se iniciaron sus traducciones a otras lenguas (El tema de nuestro tiempo, de 1923) en 1930 publicó La rebelión de las masas, Ortega ocupó su cátedra universitaria, donde formó una escuela de filosofía, hasta el comienzo de la Guerra Civil, en 1936. Poco después de estallar ésta, el filósofo, gravemente enfermo, salió de España; residió en París, Holanda, la Argentina y Portugal. En 1945 volvió a Madrid, donde pasó desde entonces largas temporadas, aunque conservó su residencia en Lisboa e hizo estancias frecuentes en Alemania (desde 1949), una en los Estados Unidos (en la misma fecha) y breves viajes por otros países de Europa. En 1948 fundó, en colaboración con Julián Marías, el Instituto de Humanidades, en Madrid. Su figura fue siempre muy discutida, especialmente en los últimos años y después de su muerte, que sobrevino, después de una breve enfermedad, el 18 de octubre de 1955. Mantuvo siempre una absoluta independencia, que lo apartó de su cátedra provisionalmente en 1929 y definitivamente en 1936, y le hizo anteponer a cualquier otro interés la veracidad y su profunda fe en la libertad. Otros libros importantes de Ortega son: Las Atlántidas (1924); La deshumanización del arte (1925); Misión de la Universidad (1930); La redención de las provincias y la decencia nacional (1931); Goethe desde dentro (1932); En torno a Galileo (1933); Historia como sistema (1935); La idea del teatro, Meditación del pueblo joven, Prólogo para alemanes y su libro más extenso: La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva.
Su filosofía, el raciovitalismo, resulta una superación de realismo y del idealismo, reconociendo el parcial acierto de ambos, y una evitación del doble error del relativismo y el racionalismo. Gran lector y amante de la cultura europea, la obra filosófica de Ortega ha anticipado innumerables ideas que luego han sido desarrolladas en el pensamiento europeo posterior, aunque, eso sí, elaborando un pensamiento diferente del existencialismo y de las demás corrientes europeas contemporáneas, de gran fecundidad metódica. Tiene una gran influencia en todos los campos de las humanidades, que reinterpretan sus conceptos en base a los escritos de este autor. Llevó el punto de vista filosófico a multitud de temas, y hoy esta actitud es compartida por muchos de los filósofos, que aprovechan su pensamiento.
El propósito de este escrito es abordar una de sus obras más importantes: “¿Qué es filosofía? ”. Curiosas son, las circunstancias que rodean a este libro, una reunión de conferencias realizadas en 1929. La agitación universitaria, el cierre de la universidad de Madrid hasta 1930 que no era más que el reflejo de lo que también pasaba en el resto de España. El 9 de abril (en la sala Rex ) comienza la primera de las diez lecciones de filosofía bajo el título general de ¿Qué es filosofía? La primera de las conferencias es una especie de declaración de intenciones; en ella, Ortega declara que no pretende realizar una introducción a la filosofía, aunque el título pudiera sugerirlo. Más bien, lo que pretende es realizar un análisis radical de la filosofía. En esta exposición inaugural, Ortega admite la existencia eterna de las ideas, que adquieren un cariz histórico cuando son descubiertas por un sujeto real, contemporáneo a un tiempo. Esta intención de Ortega de radicar la filosofía en la vida significa un cambio de planteamiento con respecto a la situación filosófica finisecular. Sin embargo, podríamos reconocer una cierta disparidad entre esa idea y el sujeto que la trae a la historia. Por ello, las verdades cambiarían debido a los individuos. Por ello se hace necesaria la revisión de la filosofía. Encontramos aquí la primera relación de la filosofía, tan aparentemente ideal y alejada al ámbito de la historia, de la vida del hombre. Como bien reconoce el prólogo de José Luis Molinuevo, en el propósito del curso se encuentra escondido un optimismo en cuanto a la situación intelectual española, capaz de reorganizarse en torno a actitudes liberales .
Precisamente en la segunda de las conferencias pronunciadas, ahonda en el sentido de la historia y su relación con la naturaleza humana. El cambio histórico no significaría el nacimiento de un hombre nuevo . La coetaneidad de las generaciones es un hecho y por ello se hace imprescindible el surgimiento de una nueva vitalidad, de una nueva actitud ante la vida. La historia para Ortega no es lineal, más bien, en un mismo punto subsisten pasado, presente y futuro. El problema filosófico español tiene como su origen, en opinión de Ortega, el pensamiento fácil burgués, más preocupado por el amaestramiento de la materia, la nuova scienza moderna. Así, el filósofo se vio agobiado por la extraña sensación de ver que sus conocimientos no podían ser tolerados bajo ese sistema. De este modo la filosofía se limitó a estar al servicio de la ciencia. Esta contraposición entre filosofía y ciencia resultará el tema de la cuarta comunicación de Ortega. Pero, a pesar del tiempo que pasaba entre una y otra conferencia, el hilo argumentativo de Ortega se mantenía intacto ya que la tercera de las conferencias continua abordando las diferencias entre ambos tipos de pensamiento. Cierto es que el no ser ciencia no es ninguna deshonra para la filosofía. La doble vía de certidumbre de la física no es suficiente para asegurar su superioridad. Basta con echar un vistazo a la historia de la ciencia para darse cuenta de la relatividad de su conocimiento. Incluso los científicos se ven obligados a no dudar de ciertas cosas. En numerosas ocasiones es difícil imbricar ciencias por separado. La ciencia, para Ortega sólo tiene contacto con la realidad mediante el ensayo, el experimento. Así, podríamos decir que ese campo común y necesario sería la filosofía. Definirla como <> deja escapar todo el dramatismo y el tono de heroicidad e intelectualidad es que la filosofía vive, puesto que la filosofía no parte de la conciencia del mundo como presupuesto, sino que se embarca para lo desconocido, ignora cual es su objeto o la particular esquirla del universo por la que va a partir, solo sabe que es un objeto integral, auténticamente uno, el único que se basta, por no ser dado, es el objeto perennemente buscado, a falta de presupuestos parte como de la nada hacia la búsqueda de puerto seguro.
En la lección cuarta profundiza en la definición de Filosofía como Conocimiento del Universo. Cierto es que el hombre necesita formarse una visión total del mundo que le proporcione seguridad. Por ello se necesita alejarse de la visión probabilística de la ciencia y regresar a la vida. Esa es la filosofía. Solo el filósofo hace de la duda gnoseológica, ingrediente esencial de su actitud cognoscitiva; cabe en él la posibilidad de que su objeto se vuelva indócil al tratamiento filosófico. Toma el problema tal cual se presenta, sin objetos previamente amansados, como los de las ciencias particulares. La ciencia es un proceso fluyente y como una procelosa navegación hacia la cosa anhelada, en la cual se olvida, la marcha de la conciencia, como “conciencia del problema”, en su lugar, hay un sistema de problemas casi invariables que pasan de generación en generación y constituyen el patrimonio y legado cultural de la historia. La filosofía, por contrario, es el heroísmo intelectual por excelencia, es conocimiento del universo o de todo cuanto hay, pero al partir, no ha determinado que es lo que hay, multiverso o Universo.
La filosofía, por contrario, es el heroísmo intelectual por excelencia La quinta, última de las conferencias que dio en el teatro Rex, atestigua, denuncia la inseguridad que el mundo nos ofrece. Su multiplicidad nos abruma obligándonos a darle unidad, a dotarle de una integridad. Eso es filosofar: seguir la huella de lo ausente con autonomía. Pretende traer a la superficie lo que yace subterráneo, misterioso e impostergable, no es un itinerario que nos sumerge en el territorio de la verdad mas profunda, sino que torna patente la verdad indecible. Siguiendo con el mismo tema, en la sexta de las conferencias Ortega aborda esa forma de actuar que es la filosofía. Al reconocer que la filosofía no admite criterios exógenos a la vez que busca la totalidad universal, se aleja del mero sensualismo positivista que necesita la presencia del objeto. El pensamiento filosófico sería mantener los cinco sentidos en absoluto para captar el universo. Las cosas se nos hacen presentes dependiendo de su consistencia. Ésta es otra diferencia más con la ciencia, que vive de ilusiones, reducciones producto de la ciencia matemática.
La séptima de las lecciones añade algunas características de este actuar filosófico. Así, mientras que la ciencia reconoce los objetos del universo como realidades indubitables. Objetos que han de ser relevantes para el sistema con el que los estemos contemplando. Sin embargo, la filosofía no aceptaría las cosas como tal, no se conformaría con la existencia del Universo, sino más bien se escindiría de las creencias vitales con objeto de cuestionarlas. Filosofar es abandonar el Universo para cuestionarlo.
En la octava entrega de este curso sobre la filosofía, Ortega piensa su concepto de yo. El yo orteguiano es intimidad, es el centro de nuestra conciencia. El mundo moderno ha abandonado ese olvido de sí para pasar a afirmarse orgullosamente. La duda es imprescindible para el pensamiento pero existe algo que no podemos negar: el pensamiento. Negarlo ya es pensar. El pensamiento se tiene a sí en su íntegra posesión. De la duda, la historia extrae lo viejo para insertar cosas nuevas. El pensamiento se ha tragado al mundo, las cosas se funden como en una magnifica doctrina antinatural, se vuelven ideas, es como estar viendo al mundo, al revés. El idealismo descubre al pensamiento y en esto consiste su superioridad, en el hecho de haber descubierto una cosa en el mundo que consiste fundamentalmente en ser para sí, en un darse cuenta. Descubre a la conciencia como reflexividad. Aquí introduce el tema de Dios y el alma. El alma es lo que verdaderamente es cuando se ha quedado sin mundo. No hay mejor manera de entrar en contacto con Dios que en soledad. Estar con Dios, es aniquilar virtualmente la realidad; desterrar lo cósmico y lo terreno, el alma en su urgencia hará lo mismo que el escéptico con su duda metódica. La modernidad nace de la cristiandad.
En la lección novena expone que el idealismo es la doctrina imperante en su época, porque en ella todos han sido adiestrados. Urge por tanto decirle al yo que recuerde ese mundo que ha olvidado. La superación del idealismo es hoy la gran tarea ha cumplir. El gran error de la filosofía fue convertirse en subjetivismo, en crear una dependencia de las cosas a que “yo” las piense, de pensar que podría existir sujeto sin objeto. El “yo” y el “mundo” lo son correlativamente. No hay uno sin el otro. Vivir es un modo de radicalidad; toda otra cosa y modo de ser es tan solo detalle de ella, simple referente. La filosofía, es ante todo vivir, y vivir es la forma precisa de todo filosofar.
En la penúltima conferencia continua con la explicación de ese yo en relación con el mundo. El ser se da cuenta de su relación con el mundo. Universo y Dios, son contenidos de mi vida, porque no solo es el <>, sino que le acompaña el mundo. Mi cuerpo mismo no es más que un detalle del mundo que encuentro en mí, detalle que, no es de mucha excepcional importancia; pero no deja de ser tan solo un ingrediente entre innumerables que hallo en el mundo ante mí. Vida, es por lo pronto, lo que somos y hacemos: Vivir significa estar transparente a las situaciones que me rodean. Es continua decisión, análisis, sentimiento. Esa es la verdadera paradoja del hombre: La vida.
Por último, y para concluir este breve resumen del texto antes de comenzar con los comentarios formales, el comentario crítico y la bibliografía utilizada, expongamos brevemente la última de las lecciones de este curso, a la sazón, undécima. En ella realiza una especie de resumen. El espíritu necesita digerir su pasado para construirse a sí mismo. El problema principal de la filosofía consiste en determinar qué nos es dado en el Universo. Tanto los filósofos como los científicos idealistas han de hablar con verdad de leyes. La filosofía sería un afán de vivir, una búsqueda de sí misma. El atributo principal de esta realidad tan radical que es nuestra vida es existir para sí misma, darse cuenta de sí misma. La vida no se puede suplantar en las masas , la preocupación por la vida es fundamental, no se puede renunciar a la construcción del propio destino. La responsabilidad es esencial.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FORMALES Y COMENTARIO FINAL

Como ya hemos comentado con anterioridad, este libro es una recopilación de las once lecciones de las que constaba el curso ¿Qué es filosofía? que Ortega se dispuso a dar en 1929. Resulta muy descriptivo decir que, sorprendentemente, la asistencia a estos cursos era masiva y se recibían cartas solicitando que estos cursos se hicieran a otras horas para que los trabajadores también pudieran asistir. Cada uno de los escritos se confeccionaron basándose en las lecturas reales de Ortega por lo que no es difícil encontrar repetición de ideas, continuas revisiones de las ideas expuestas… todo ello con el fin de que su exposición fuera completamente comprensible para la audiencia. Incluso, si alguna vez la argumentación del autor pierde un poco de fluidez es debido, sin ninguna duda, al carácter oral de todas estas explicaciones. Sin embargo, a pesar de esto, se puede reconocer en este libro la sorprendente capacidad expresiva de Ortega. Algunos de los párrafos de este libro (recomiendo especialmente uno que habla sobre el relevo generacional) son bellos y claros. Ortega y Gasset era un extraordinario escritor y este libro, a pesar de ser una recopilación, también lo demuestra.
Merece la pena, pues, leer el libro, que elogia la filosofía, defendiéndola de las ciencias e incluso de algunas de las corrientes filosóficas más analíticas, de una manera absolutamente preciosa. Otro haber digno de reseñar es el hecho de la clarividencia de Ortega en diversos ámbitos. No es difícil asentir desde nuestra posición actual sobre algunas de las apreciaciones que él hizo a principios del siglo pasado. Conviene darse cuenta que, así, la filosofía sí tendría esa finalidad de guía vital. No sólo eso. La filosofía sería una guía ¡certera! para nuestras vidas.

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

ORTEGA Y GASSET, J.: “¿Qué es filosofía?”, Madrid: alianza, 1999
ORTEGA Y GASSET, J.: “Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía”, Madrid: Revista de occidente-Alianza, 2002
ORTEGA Y GASSET, J.: “La rebelión de las masas”, Madrid: Tecnos, 2004
ORTEGA Y GASSET, J.: “Estudios sobre el amor”, Madrid: Circulo de lectores, 1966.

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SOBRE EUGENI D’ORS Y “LO BARROCO” Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

Conviene tener en cuenta brevemente la biografía de este excelente autor español Eugeni –Eugenio- d’Ors y Rovira, 1882-1954 Se formó en las universidades de Barcelona, Madrid y París. Fue Secretario del Institut d’Estudis Catalans (1911) y director de su Seminario Filosófico (1918), dirigió asimismo el departamento de Instrucción Pública de la Mancomunidad de Cataluña. En 1920 fijó su residencia en Madrid. No es un mero dato, puesto que la idea que posteriormente tratará en el libro tiene que ver mucho con su condición de catalán. Sin embargo, después moderó su catalanismo refugiándose en otras mentalidades, algo que le ocasionó duras críticas.
Entre sus numerosos trabajos en ese idioma, algunos en forma de glosa (Glossari, 1906-14), destacan la novela La ben plantada (1912), Oceanografia del tedi; Gualba, la de mil veus y La Vall de Josafat. Sus trabajos periodísticos aparecieron bajo el seudónimo de «Xenius». En Madrid alternó su labor como crítico de arte -con notables estudios sobre Goya, Cézanne, Picasso y su famoso ensayo Tres horas en el Museo del Prado podemos darnos cuenta de su validez como esteta- con la publicación de nuevos glosarios: Cuando yo esté tranquilo (1930); novelas y ensayos: El molino de viento (1925), Guillermo Tell (1926), Cinco minutos de silencio (1926), Cúpula y monarquía (1929); y obras filosóficas como Filosofía del hombre que trabaja y que juega, El secreto de la filosofía (1947) y numerosos estudios de carácter científico.
Pasando ya de esta breve introducción biográfica, comenzamos a explicar de un modo conciso el contenido del libro para su posterior valoración. En primer lugar, el autor comienza teniendo en cuenta la connotación peyorativa del término churrigueresco, que a la sazón no es más que un modo de llevar a cabo la arquitectura barroca. Parece, pues, como si el afán de Churriguera por dejarse llevar por la razón hubiera llevado a ese pensamiento. Tal vez, comenzamos ya a ver en estas primeras páginas del libro con lo que podríamos denominar una especie de miedo al abismo, a la lejanía de la razón instrumental que como veremos coronará una parte de la historia. A partir del vocablo wildermann, que podríamos traducir como “hombre salvaje” Eugeni expone en primer lugar la archiconocida definición de Barroco (perla gruesa de límites irregulares) para después esbozar la que será su tesis más importante del libro: la finura del clasicismo frente a la “barbarie” persistente del barroco. En carnaval y cuaresma hace suyo el adagio latino de oportet haeresses esse, la necesidad
de los herejes, donde explica que sólo a partir de la recreación se puede construir la Civitatis Dei , la Nueva Jerusalén. No es la única comparación que realiza entre una ciudad y un período. También asemeja el siglo XVIII a la antigua Alejandría. Para d’Ors resulta paradójico que precisamente para la fijación del folclore hiciera falta la aparición de la Enciclopedia francesa de la ilustración. Pero precisamente a esta paradoja la pudiéramos caracterizar de originaria, básica. Para el trabajo eficaz de la semana se hacen necesarias las vacaciones. Ese es el sentido del gótico florido frente al gótico normal. Reconoce Eugeni que esta contraposición pudiera estar muy relacionada con las filosofías de la Historia, entre las que destaca las de Michellet o Hegel pero a su paradoja es aún más originaria que las distinciones de la dialéctica hegeliana o la historicidad de Michellet. Precisamente este carácter contradictorio de lo barroco es su cualidad más representativa. Lo barroco pretende gravitar y volar, se ríe del principio de no contradicción y por ende de la racionalidad humana. El rechazo de Magdalena por parte de Jesucristo no hace sino atraerla más. Destaca en este punto algunos cuadros de Tintoretto, Caneggio, o incluso esculturas de Bernini.
Para nuestro autor, otro de los aspectos que sorprenderían de lo barroco sería esa especie de anhelo del paraíso perdido. En este aspecto, introduciría una idea de temporalidad circular muy propia de otras filosofías clásicas y orientales. Toda la historia puede considerarse como un penoso itinerario entre la inocencia que ignora y la inocencia que sabe . Así, la función de los jardines actuales sería la de una suerte de paraísos-paréntesis que aliviarían el camino hacia esa nueva inocencia. Las referencias a Milton aquí son inevitables. De esta manera, lo barroco sería una especie de recompensa. El siglo XVIII es una demostración de ello, de luces y de ¿sombras? El enamoramiento es, para Eugenio d’Ors, una parte de lo barroco.
Tras un paso por Baltasar Gracián en el que refiere a lo musical como algo directamente originado por la contemplación de la Naturaleza . Ahonda en el tema de la nostalgia de lo primitivo, de esa búsqueda constante de la belleza sin velos propia de la inocencia original. La realidad está percibida desde el paradigma racionalista de Descartes o Boileau, sin embargo, en la realidad también son necesarios los robinsones desnudos en islas desiertas que nos recuerdan el edén del que fuimos expulsados por culpa de la inquietud racional. Esta es una idea claramente desarrollada por Rousseau ; para este ilustrado francés el hombre era bueno por naturaleza y sólo la propiedad a lo largo de la historia corrompió esa bondad. Como el mismo autor nos dice es una nostalgia de los principios que también podríamos encontrar en las novelas de Bernardine de Saint-Pierre: Pablo y Virginia son dos esclavos negros que nos despiertan el anhelo de los trópicos. Es lo barroco una alternativa a la esclerosis de formas de lo clásico, del mismo modo que un ornitorrinco se mofa de las clasificaciones zoológicas.
Esta tranquilidad de escritoras como Saint-Pierre chocaría con la de escritores como Chateubriand, más tempestuoso, heroico y elocuente que sustituiría nuestra moda por lo tropical acercándonos al mundo de los indios y de la selva virgen. El deseo de volver a los orígenes, de recuperar el Edén perdido sería una constante en la sociedad tecnologizada de Eugeni d’Ors y en la actual. Las viejas categorías clásicas de Belleza o fealdad quedan ya muy atrás. Sí podríamos encontrar una alternativa a esta búsqueda con la creación de un Paraíso Individual al modo de Gauguin. Como el autor destaca, en esta sociedad actual no es difícil encontrar a una persona que se deje aconsejar por un erudito preceptor de biblioteca para llegar a casa y entretenerse con el loco de la azotea. Gracias a lo Barroco, aún es posible encontrar una solitaria de las rocas , algo así como el Robinsón llevado al máximo ascetismo social: es una mujer. Esta idea tiene tientes románticos , pero de esto ya hablaremos después.

QUERELLA DE LO BARROCO

A propósito de esta disputatio de matices medievales, el autor nos incide en algunos de los aspectos esbozados anteriormente. Sin embargo, una de las aportaciones más interesantes para la comprensión de la idea fundamental del libro es la definición de Eón. Como en toda ciencia, la evolución propia ha permitido abandonar una caracterización meramente descriptiva (hombro, codo, cabeza…) para refugiase en una concepción más sistémica (sistema nervioso, excretor, linfático…). Del mismo modo d’Ors propone revisar la ciencia de la Historia para articularla por sistemas llamados Eones, una especie de idea-acontecimiento que se iría repitiendo a lo largo de la historia. El eterno recomenzar del que ya hemos hablado anteriormente nos hace pensar que la idea que el autor trata de expresar en este título es que el motor de la cultura y de la historia en general es la contraposición entre sumergimiento y luz, entre racionalidad y sentimiento, entre pensamiento reaccionario y pensamiento valiente, entre el Eón clásico y el Eón barroco. A este Eón barroco es al que se ha referido durante todo el escrito como “lo barroco”, que está claramente diferenciado del período barroco que se limita exclusivamente a los siglos XVII y XVIII. Esta diferenciación es sumamente enriquecedora pues permitiría leer el romanticismo como una parte de este Eón barroco. Incluso, si admitimos que el romanticismo tuviera tres versiones diferentes, todas ellas podrían ser englobadas bajo esta actitud antitética, ante el Eón barroco. El romanticismo, a diferencia del barroco ha tenido desde sus comienzos sus clásicos . Así pues, el mecanismo de la historia estaría coronado por la lucha entre dos titanes, entre lo pintoresco y lo constructivo. La profundidad y dinamismo de lo barroco evitaría la esclerotización de las estructuras clásicas. Gracias al Eón barroco existe evolución. Esa propensión a lo teatral, lujoso, retorcido, enfático es lo que permite el cambio, la mejora. Así pues, podríamos establecer una nueva distinción entre los estilos históricos (barroco, clásico, renacentista, gótico…) y los estilos de cultura, que englobarían algo más que periodos temporales: unificarían y descartarían actitudes. El logos ya no sumiría bajo su ala al ethos y al pathos, al sentimiento y la pasión propios de lo barroco. El paganismo gracias a este dinámico Eón saldría a la luz.
Sin embargo conviene hacer una distinción final a suerte de clasificación de tipos de barroco que podemos encontrar en el libro de Eugeni d’Ors y que cataloga veintidós tipos diferentes de barroco. Si esta distinción está falta de matices y algunos de los grupos serían tan sólo variedades es algo con lo que el autor ya cuenta.

ÚLTIMAS CONSIDERACIONES A PROPÓSITO DE ESTA FILOSOFÍA

No resulta sorprendente encontrar este tipo de filosofía en los pensadores que podríamos etiquetar, con el riesgo que ello conlleva, de finiseculares. Este afán por descubrir el motor de la historia a partir de principios, que rozan a veces el maniqueísmo, es propio de aquellos filósofos que se encuentran pensando en épocas de inseguridad. La idea de un eterno retorno es una de las influencias orientales más determinantes en la filosofía clásica y esa es un condicionamiento que marcará una parte significativa de la Historia de la Filosofía. El archiconocido lema de omnia fluent es ya un clásico. La filosofía de Eugeni d’Ors en este caso es una filosofía de vida más que de eternidad, es una aporía de la imperfección, una característica propia de la filosofía barroca. Así pues, cabría formularse una pregunta sobre un arte determinado: ¿Existe la música barroca como una parte especial de la historia de la música o podemos afirmar, por contrario que toda la música es en términos d’orsianos barroca? El propio autor parece aproximarse más a lo segundo. El valor de lo barroco residiría en esa ironía típica del arte humano, en la oposición de Apolo y Dionisos, entre el osco Logos y el artista Pan. Este carácter paradójico se expresa en una doble cita que el mismo autor utiliza, en primer lugar de De ordine y en segundo lugar de las Confesiones de San Agustín de Hipona: La razón humana es una fuerza que conduce a unidad pero es una debilidad que necesita discontinuidad. Para concluir este escrito aplica, en una demostración de erudición las categorías al país vecino de Portugal. Este apartado se incluyó en la edición original en francés, pero inexplicablemente tan sólo puede ser leída en la edición que ahora mismo manejo entre mis manos.
SALAMANCA 2005

BREVE ESTUDIO BIBLIOGRÁFICO (Ordenado temporalmente)

ORS, E. d’: Trilogía de la “Residencia de Estudiante”, Pamplona: Eunsa, 2000
ORS, E. d’: Confesiones y recuerdos, Madrid: Pretextos, 2000
ORS, E. d’: Último glosario III, Comares, 2001
ORS, E. d’: Glosari, 1998-1909, Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema, 2001
ORS, E. d’: Flos Sophorum. Ejemplario de la vida de los grandes sabios, Pamplona: Eunsa, 2001
ORS, E. D’: Pablo Picasso, El acantilado, 2001
ORS, E. D’: Lo barroco, Madrid: Tecnos, 2002
ORS, E. D’: Cincuenta años de pintura catalana, Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema, 2002
ORS, E. D’: Último glosario V, Comares, 2002
ORS, E. D’: Último glosario IV, Comares, 2002
ORS, E. D’: La vida breve, Pre-textos, 2002
ORS, E. D’: La lidia de Cadaqués, Ediciones Proa, 2002
ORS FÜHRER, C. d’; CERECEDA SÁNCHEZ, M.: Los dibujos de Eugenio D’Ors, Madrid: Círculo de Bellas Artes, 2002
PARRA CELAYA, M.: José Antonio y Eugenio d’ Ors: falangismo y catalanidad, Plataforma, 2003
ORS, E. d’: La civilización en la historia, Editorial Criterio Libros, 2003
TORREGLROSA PUIG, M.: Filosofía y vida de Eugenio d’Ors: etapa catalana, 1881-1921, Pamplona: Eunsa, 2003
PARRA CELAYA, M.: José Antonio y Eugenio d’ Ors: falangismo y catalanidad, Barbarroja, 2003
ORS, E. d’: Glosari 1910-1911, Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema, 2003
ORS, E. d’: Tres horas en el Museo del Prado, Madrid: Alianza, 2003
ORS, E. d’: Pablo Picasso, Ediciones Folio, 2003
ORS, E. d’: La ben plantada, Barcelona: Edicions dels Quaderns Crema, 2004
LARGO CARBALLO, A.: Eugenio d’Ors, anécdota y categoría, Marcial Pons, 2004
ORS, E. d’: Tres horas en el Museo del Prado, Madrid: Tecnos, 2004
ORS, E. d’: Cien aforismos, Casariego, 2004