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DIWÁN

Por GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

Llévame, Kadidja, hasta la mezquita de Beyshehir
Para que allí contemple las alfombras árabes
Adornadas con bella letra cúfica
De cuyo esplendor
Escribiera Marco Polo.
Enséñame el manuscrito de los Antidota
–Traducción mora de Galeno–
Donde la garza y el cangrejo
Componen un cuadro delicado y sutil.
Trasládame a Bagdad
Influida por Grecia
Bendecida de Alá
La estimada selyúcida
Antes de que, como decía Khayyam,
Las tijeras de la Parca
Corten nuestro aliento
Y nuestro cuerpo
Como una jaima
Lo desmonte el destino.
Sé, Kadidja, cicerone en Sevilla
Y muéstrame la mezquita
Del almohade Yaqub.
Quiero ir a Isfahán
Capital de la pintura
Para ver los bocetos de Shabi Abbasi
Y las damas en picnic
Pintadas por Khosrau.
Indícame, Kadidja, qué escribían los poetas
En los jardines de Kashmir
Meditando
En las interminables
–Como tus párpados–
Noches de verano.

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POESÍA Por IVÁN ROJAS GARACHANA

A Ovidio

Qué hacer yo
con las manos
si tocarte como hace poco
o mecerte
con todos los recuerdos que me vengan de ti
con todos.
Si acercarme a ti
tiritando y siendo denso
o cortarme esas manos
por los puños
para no volver jamás a mirarte
que le parece pecado a mi alma
intervenir en lo que admira
tanto.
Qué hacer con mis manos,
si enterrarlas bajo la arena
y marcharme ya a la luna
o pasar la noche entre ellas
y hacerme habitante
del corazón
qué sé yo si llevarme
un pájaro a la frente
ahora que me voy
y encenderme de nuevo
en los cantos de la borrica
quedarme con el duende
en la boca
no decirlo ni aterirlo al papel
sino andar
como homenaje a las piernas
andar
como un nuevo lenguaje que baja
sin saber de la sutileza
pero sí del cariño
que te tengo
de las manos ajadas
y hermosas
que te dan los campos expandidos
y el olor de los vientos
en cría
el humano fragor que percibes
al escribir el poema
que debes escribir ahora
porque el cielo lo ha querido
para ti
y tú
amas el cielo.

TRASUNTO

MUERTE a la cobardía
el que quiera vivir que baje a la vida

sé que hoy te estás
rompiendo en pedazos
mientras escuchas
tu músika antigua
que antes
pondría
tu habitación alegre
y sé que te sientes
llamado a las puertas de un cielo
que no has
pedido
en el momento
en que te surkan
las lágrimas
el rostro
doblado.
recuerdas el dolor de
los años
que
sigue ahí
contigo
muchas preguntas
y tú el de siempre
suena neil
young
y tus gafas
están
empañadas
y tus manos
cansadas
de tokar la piel
muerta
sé que estás
produciendo un agujero
en tu crisálida
una vez una larga vez
te vi bailar
en la media
penumbra
aunke entonces como
ahora
estuviera a muchos
pasos de
distancia
de ti

pero te sentía.

JAIKU

el milagro de
san josé
es más fuerte
que el de su dios:
ladrillo
a
ladrillo.

EMILY DICKINSON
SENTÍ UN FUNERAL EN MI CEREBRO

Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente –

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor –
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda –

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí –

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí –
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces –

(Versión de Silvina Ocampo)

LA SORTIJA

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

(Versión de Eduardo Carranza)

ÉL ERA DÉBIL Y YO FUERTE

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

(Versión de L.S.)

MI VIDA SE DETUVO – UN ARMA CARGADA

Mi vida se había parado – un Arma Cargada –
en los Rincones – hasta que un día
el Dueño pasó – me identificó –
y me llevó lejos –

Y ahora vagamos por Bosques Soberanos –
y ahora cazamos a la Cierva –
y cada vez que hablo por él –
las Montañas contestan diligentes –

Y sonrío, tal luz cordial
sobre el resplandor del valle –
es como si una cara Vesuviana
hubiera dejado su voluntad a su paso –

Y cuando en la noche – acabado nuestro buen día –
guardo la cabeza de mi amo –
Es mejor que haber compartido
la profunda almohada de plumón –

De Su enemigo – soy enemigo mortal –
ninguno se agita por segunda vez –
en quién pongo un ojo amarillo –
o un pulgar enfático –

Aunque Yo así como él – podamos vivir largamente
él debe vivir más -que Yo-
porque yo tengo el poder de matar,
Sin -el poder de morir –

(Versión de Miguel Artime)

PODRÍA ESTAR MÁS SOLA

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

(Versión de L.S.)

POEMA 37

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.

Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

(Versión de L.S.)

PEQUEÑEZ

Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros…
Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morirnos.

(Versión de Carlos López Narváez)

SELECCIÓN

De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma…
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.

(Versión de Carlos López Narváez)

NO ERA LA MUERTE, PUES YO ESTABA DE PIE…

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.

(Cf.: http://amediavoz.com/dickinson.htm).

POEMAS Por SANDRA MARTÍN GARCÍA

Camina…
Camina ya ventrílocuo
Barajaste entre cartas de vientre
Un mentir oblicuo
Las pestañas teñían las barbaries
Acicaladas tras el desplome
Hablabas, ventrílocuo
Desde tu alma en paralelo
Y yo me guiaba por tu mirar
Sotas…
Caballos de reyes
Putas de antaño…
Por el regalo entero y eterno
No me perdonaste el embuste
Silbabas, guiñabas, desfigurabas
Y desfigurada en tu juego
Recité un haiku
Una bendición
Un enjambre de guerras
Cosidas en los tutes
En los tutelares tuteos
Tanteos…
Y tres lenguas más tarde
Decidiste perder
Ventrílocuo
Con las copas.

………………………………………………………..

Fellini arrastraba un carromato de dioses
Y yo me perdía entre las metáforas
Tantas caídas estelares
Los cortes de edición me rendían
Abarcaba tres ojos
Abrazaba mil maldiciones
Enjuagues gástricos
Sodomía de imagen
Hasta un día perderme
Y querer ser cine.

………………………………………………………..

¡Mira!
No creo en los milagros
No creo, de veras
Creo en la masturbación
Creo en el eco
En el vacío
En la noche y el día
Creo en las concesiones
En las bulas
Tangibles
Palpables por tantas manos esclavas
Antaño creía en el rezo
En la misa
En la Iglesia
En la sesga política de Altazor
Creía en los comensales
En las formas
En Picasso y Dalí
En el pan de éste…
En el vino de aquél…
En Cristo
Imagen…
Y después semejanza

Y de vuelta me he quedado vacía.

REPORT ON HUMAN BEINGS Por MICHAEL GOLDMAN

You know about desks and noses,
proteins, mortgages, orchestras,
nationalities, contraceptives;
you have our ruins and records,
but they won’t tell you
what we were like.

We were distinguised
by our interest in scenery;
we could look at things for hours
without using or breaking them
and there was a touch of desperation not to be found
in any other animal,
in the looks of love we directed
at our children.

We were treacherous of course
like anything here—
winds, dogs, the sun—
we could turn against you unexpectedly,
we could let you down.
But what was remarkable about us
and which you will not believe
is that we alone,
with the exception of a few pets
who probably learned it from us,
when betrayed
were frequently surprised.

We were one of a million species
who continually cried out
or silently wept with pain.
I am proud that we alone resented
taking part in the chorus.

Yes, some of us
liked to cause pain.
Yes, most of us
sometimes
liked to cause pain,
but I am proud that most of us
were ashamed
afterward.

Our love of poetry would have amused you;
we were so proud of language
we thought we invented it
(and thus failed to notice
the speech of animals,
the birds’ repeated warnings,
the whispered intelligence
of mutant cells).

We didn’t invent boredom,
a fruitful state.
It hid the size of our desires.
We were spared many murders,
many religions
because we could say, “I am bored.”
A kind of clarity
came when we said it
and we could go to Paris or the movies,
give useful parties, master languages,
rather than sink our teeth in our lover’s throat
and shake till things felt right again.

Out of the same pulsing world
you know,
out of gases, whorls,
fronds, feelers, jellies,
we devised hard edges,
strings of infinite tension stretched
to guide us.
The mind’s pure snowflake
was our map.
Lines, angles, outlines
not to be found in rocks or seas
or living matter
or in the holes of space,
how strange these shapes must look to you,
at odds with everything,
uncanny, broken from the flow,
I think they must be for you
what we called art.

What was most wonderful about us
was our kindness,
but of this it is impossible to speak.
Only someone who knows our cruelty,
who knows the fears we always lived with,
fear of inside and outside, smooth and rough,
soft and hard, wet and dry, touch and no touch,
only someone who understands the great palace we built
on the axis of time
out of our fear and cruelty and called history,
only those who have lived in the anger
of a great modern city,
who saw the traffic in the morning
and the police at night
can know how heartbreaking
our kindness was.

Let me put it this way.
One of us said, “I think
our life is not as good
as the mind warrants”,
another, “It is hard
to be alone and alive at the same time.”
To understand these statements
you would have to be human.

Our destruction as a species
was accidental.
Characteristically
we blamed it on ourselves,
which neither the eagle
nor the dinosaur would do.

Look closely around you,
study your instruments,
scan the night sky.
We were alien.
Nothing in the universe
resembles us.

INFORME SOBRE LOS SERES HUMANOS
Traducción: MANUEL CATALINA

Ya sabes sobre escritorios, narices,
proteínas, hipotecas, orquestas,
nacionalidades, anticonceptivos;
tienes nuestras ruinas y registros,
pero ninguno te dirá
cómo éramos nosotros.

Se nos distinguía
por nuestro interés en el paisaje;
podíamos observar las cosas durante horas
sin usarlas ni romperlas—
y había un aire de desesperación que no se encuentra
en ningún otro animal,
en las miradas de amor que dirigíamos
a nuestros hijos.

Éramos traicioneros, por supuesto.
Como todos los demás aquí—
vientos, perros, el sol—
podíamos volvernos en contra inesperadamente,
podíamos decepcionar.
Pero lo más remarcable
y que no creerás
es que sólo nosotros,
exceptuando algunas mascotas
que probablemente lo aprendieron de nosotros,
cuando nos traicionábamos
a menudo nos sorprendíamos.

Éramos una entre un millón de especies
que gritaba continuamente
o lloraba su dolor en silencio.
Estoy orgulloso de que nos resistiésemos
a formar parte del coro.

Sí, a algunos de nosotros
nos gustaba causar dolor.
Sí, a la mayoría de nosotros
de vez en cuando
nos gustaba causar dolor,
pero estoy orgulloso de que la mayoría de nosotros
se avergonzase
después.

Nuestro amor por la poesía te hubiese divertido;
estábamos tan orgullosos del lenguaje
que creíamos haberlo inventado
(y de esa manera pasamos por alto
el discurso de los animales,
las advertencias repetidas de las aves,
la rumorosa inteligencia
de las células mutantes).

Nosotros inventamos el aburrimiento,
un estado provechoso.
Ocultaba el tamaño de nuestros deseos.
Nos ahorramos muchos asesinatos,
muchas religiones
porque decíamos, “estoy aburrido”.
Una cierta claridad
nos invadía cuando lo decíamos
y podíamos ir a París o al cine,
dar útiles fiestas, dominar idiomas,
en lugar de hundir nuestros dientes en la garganta de nuestros amantes
y temblar hasta que todo volviese a la normalidad.

De este mismo mundo vivo
que tú conoces,
de gases, espirales,
hojas, antenas, caramelos,
concebimos rígidos límites,
cuerdas estiradas con tensión infinita
para guiarnos.
El puro copo de nieve de la mente
fue nuestro mapa.
Líneas, ángulos, perfiles
que no se encontraban en rocas o mares
o en la materia viva
o en los agujeros del espacio,
qué extrañas deben parecerte estas formas,
reñidas con todo,
misteriosas, apartadas del devenir,
creo que para ti deben de ser
lo que nosotros llamábamos arte.

Lo más maravilloso de nosotros
fue nuestra bondad,
pero es inútil hablar sobre esto.
Sólo alguien que conoce nuestra crueldad,
que conoce los miedos con los que convivimos,
miedo al interior y al exterior, suave y áspero,
blando y duro, húmedo y seco, manoseado o sin manosear,
sólo alguien que entiende el gran palacio que construimos
en los ejes del tiempo
con nuestro miedo y crueldad y llamamos historia,
sólo aquellos que han convivido con la ira
de una gran ciudad moderna,
que vieron el tráfico por la mañana
y a la policía por la noche
pueden saber lo descorazonadora
que fue nuestra bondad.

Deja que lo diga de otra forma.
Uno de nosotros dijo, “Creo
que nuestra vida no es tan buena
como garantiza el pensamiento”,
otro, “Es difícil
estar solo y vivir al mismo tiempo.”
Para comprender estas expresiones
tendrías que haber sido humano.

La destrucción de nuestra especie
fue accidental.
Característicamente
nos culpamos por ello,
algo que ni el águila
ni el dinosaurio harían.

Observa detenidamente a tu alrededor,
estudia tus instrumentos,
escudriña el cielo nocturno.
Nosotros éramos extraños.
nada en el universo
se nos parece.


Poema seleccionado por Manuel Catalina de la obra: The best American Poetry 2003.
“Report on Human Beings”, de Michael Goldman, apareció originalmente en el número 57 de la revista Ontario Review.