REPORT ON HUMAN BEINGS Por MICHAEL GOLDMAN

You know about desks and noses,
proteins, mortgages, orchestras,
nationalities, contraceptives;
you have our ruins and records,
but they won’t tell you
what we were like.

We were distinguised
by our interest in scenery;
we could look at things for hours
without using or breaking them
and there was a touch of desperation not to be found
in any other animal,
in the looks of love we directed
at our children.

We were treacherous of course
like anything here—
winds, dogs, the sun—
we could turn against you unexpectedly,
we could let you down.
But what was remarkable about us
and which you will not believe
is that we alone,
with the exception of a few pets
who probably learned it from us,
when betrayed
were frequently surprised.

We were one of a million species
who continually cried out
or silently wept with pain.
I am proud that we alone resented
taking part in the chorus.

Yes, some of us
liked to cause pain.
Yes, most of us
sometimes
liked to cause pain,
but I am proud that most of us
were ashamed
afterward.

Our love of poetry would have amused you;
we were so proud of language
we thought we invented it
(and thus failed to notice
the speech of animals,
the birds’ repeated warnings,
the whispered intelligence
of mutant cells).

We didn’t invent boredom,
a fruitful state.
It hid the size of our desires.
We were spared many murders,
many religions
because we could say, “I am bored.”
A kind of clarity
came when we said it
and we could go to Paris or the movies,
give useful parties, master languages,
rather than sink our teeth in our lover’s throat
and shake till things felt right again.

Out of the same pulsing world
you know,
out of gases, whorls,
fronds, feelers, jellies,
we devised hard edges,
strings of infinite tension stretched
to guide us.
The mind’s pure snowflake
was our map.
Lines, angles, outlines
not to be found in rocks or seas
or living matter
or in the holes of space,
how strange these shapes must look to you,
at odds with everything,
uncanny, broken from the flow,
I think they must be for you
what we called art.

What was most wonderful about us
was our kindness,
but of this it is impossible to speak.
Only someone who knows our cruelty,
who knows the fears we always lived with,
fear of inside and outside, smooth and rough,
soft and hard, wet and dry, touch and no touch,
only someone who understands the great palace we built
on the axis of time
out of our fear and cruelty and called history,
only those who have lived in the anger
of a great modern city,
who saw the traffic in the morning
and the police at night
can know how heartbreaking
our kindness was.

Let me put it this way.
One of us said, “I think
our life is not as good
as the mind warrants”,
another, “It is hard
to be alone and alive at the same time.”
To understand these statements
you would have to be human.

Our destruction as a species
was accidental.
Characteristically
we blamed it on ourselves,
which neither the eagle
nor the dinosaur would do.

Look closely around you,
study your instruments,
scan the night sky.
We were alien.
Nothing in the universe
resembles us.

INFORME SOBRE LOS SERES HUMANOS
Traducción: MANUEL CATALINA

Ya sabes sobre escritorios, narices,
proteínas, hipotecas, orquestas,
nacionalidades, anticonceptivos;
tienes nuestras ruinas y registros,
pero ninguno te dirá
cómo éramos nosotros.

Se nos distinguía
por nuestro interés en el paisaje;
podíamos observar las cosas durante horas
sin usarlas ni romperlas—
y había un aire de desesperación que no se encuentra
en ningún otro animal,
en las miradas de amor que dirigíamos
a nuestros hijos.

Éramos traicioneros, por supuesto.
Como todos los demás aquí—
vientos, perros, el sol—
podíamos volvernos en contra inesperadamente,
podíamos decepcionar.
Pero lo más remarcable
y que no creerás
es que sólo nosotros,
exceptuando algunas mascotas
que probablemente lo aprendieron de nosotros,
cuando nos traicionábamos
a menudo nos sorprendíamos.

Éramos una entre un millón de especies
que gritaba continuamente
o lloraba su dolor en silencio.
Estoy orgulloso de que nos resistiésemos
a formar parte del coro.

Sí, a algunos de nosotros
nos gustaba causar dolor.
Sí, a la mayoría de nosotros
de vez en cuando
nos gustaba causar dolor,
pero estoy orgulloso de que la mayoría de nosotros
se avergonzase
después.

Nuestro amor por la poesía te hubiese divertido;
estábamos tan orgullosos del lenguaje
que creíamos haberlo inventado
(y de esa manera pasamos por alto
el discurso de los animales,
las advertencias repetidas de las aves,
la rumorosa inteligencia
de las células mutantes).

Nosotros inventamos el aburrimiento,
un estado provechoso.
Ocultaba el tamaño de nuestros deseos.
Nos ahorramos muchos asesinatos,
muchas religiones
porque decíamos, “estoy aburrido”.
Una cierta claridad
nos invadía cuando lo decíamos
y podíamos ir a París o al cine,
dar útiles fiestas, dominar idiomas,
en lugar de hundir nuestros dientes en la garganta de nuestros amantes
y temblar hasta que todo volviese a la normalidad.

De este mismo mundo vivo
que tú conoces,
de gases, espirales,
hojas, antenas, caramelos,
concebimos rígidos límites,
cuerdas estiradas con tensión infinita
para guiarnos.
El puro copo de nieve de la mente
fue nuestro mapa.
Líneas, ángulos, perfiles
que no se encontraban en rocas o mares
o en la materia viva
o en los agujeros del espacio,
qué extrañas deben parecerte estas formas,
reñidas con todo,
misteriosas, apartadas del devenir,
creo que para ti deben de ser
lo que nosotros llamábamos arte.

Lo más maravilloso de nosotros
fue nuestra bondad,
pero es inútil hablar sobre esto.
Sólo alguien que conoce nuestra crueldad,
que conoce los miedos con los que convivimos,
miedo al interior y al exterior, suave y áspero,
blando y duro, húmedo y seco, manoseado o sin manosear,
sólo alguien que entiende el gran palacio que construimos
en los ejes del tiempo
con nuestro miedo y crueldad y llamamos historia,
sólo aquellos que han convivido con la ira
de una gran ciudad moderna,
que vieron el tráfico por la mañana
y a la policía por la noche
pueden saber lo descorazonadora
que fue nuestra bondad.

Deja que lo diga de otra forma.
Uno de nosotros dijo, “Creo
que nuestra vida no es tan buena
como garantiza el pensamiento”,
otro, “Es difícil
estar solo y vivir al mismo tiempo.”
Para comprender estas expresiones
tendrías que haber sido humano.

La destrucción de nuestra especie
fue accidental.
Característicamente
nos culpamos por ello,
algo que ni el águila
ni el dinosaurio harían.

Observa detenidamente a tu alrededor,
estudia tus instrumentos,
escudriña el cielo nocturno.
Nosotros éramos extraños.
nada en el universo
se nos parece.


Poema seleccionado por Manuel Catalina de la obra: The best American Poetry 2003.
“Report on Human Beings”, de Michael Goldman, apareció originalmente en el número 57 de la revista Ontario Review.

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