ENTREVISTA A LUCIANO ESPINOSA RUBIO Por GUILLERMO DA COSTA, CARLOS RODRÍGUEZ y ALFONSO ANTOLÍN
(Entrevista realizada el día 16 de abril de 2002, en la Facultad de Filosofía de Salamanca)

–¿Quién es Luciano Espinosa como persona?

Una persona como cualquier otra, dando por supuesto que todos somos diferentes a la vez. Alguien que decidió venir a Salamanca a estudiar filosofía y que está contento de su elección, a pesar de que uno no encuentra todo lo que busca.

–¿Por qué filosofía?

Porque hay una inquietud personal que ninguna de las demás carreras puede “dar curso”. Yo estudiaba Geografía e Historia y decidí cambiar porque la filosofía estaba más de acuerdo con ella, aunque no creo en las vocaciones como algo fijo y cerrado.
La filosofía es lo que me resulta más grato, lo que me permite desarrollar mis preocupaciones, lo que me gusta leer y pensar…

–¿Cuáles son los aspectos de la filosofía, como carrera, que esperaba pero que le disgustaron?

Los corsés académicos, que suponen una cierta coacción y frialdad, pero que también cumplen su función, de carácter formativo. Pasar por ciertos trámites para luego desarrollar con libertad lo que uno quiera hacer.

–¿Qué le cabe esperar a la filosofía y a los filósofos en un futuro próximo?

Puede ser una situación contradictoria o paradójica: por una parte, la civilización contemporánea –tecnologizada, globalizada, mercantilista, etc.– me da la sensación de que dejará la filosofía de lado, como una especie de “saber de museo” o actividad para unos pocos, algo que ya viene ocurriendo desde hace tiempo porque no es “productiva” a efectos de mercado. Y por otra parte, aunque choque con lo anterior, será necesaria para la gente que no esté anestesiada por completo, gente que haga cosas tan “estrafalarias” como dedicarse a pensar sobre casi todo.

–¿Puede concebirse como una alternativa?

Posiblemente sí, al menos a título individual.

–¿Se podrá ser filósofo? ¿Se podrá vivir de la filosofía exclusivamente?

Si siguen existiendo ensayistas y profesores, supongo que sí. Si esto no ocurre, se convertirá en una especie de afición para quien pueda permitírsela. En cualquier caso, ser filósofo significa ante todo una actitud vital, con independencia de lo que hagas o el trabajo que desempeñes, porque no es una cosa absolutamente delimitada, que se cierre a otras actividades. El talante filosófico es compatible con diversos tipos de intereses.

–¿Qué opina de aquello que preconiza el “Pensamiento débil” sobre el final de la filosofía? (Filosofía como hermenéutica, afición sin pretensiones metafísicas…)

No es fácil de resolver en poco tiempo. Creo que las preguntas esenciales se van a seguir haciendo, sobre todo como problemas; lo que variarán serán las respuestas en cada tiempo: no es de recibo pretender una respuesta “fuerte” y definitiva sobre nada, apelando a instancias inalterables. Pero de ahí a que la filosofía se convierta en un “hobby” de ocasión hay un abismo. Se trata de buscar rigor y argumentación detrás de cualquier respuesta.

–¿Platón o Prozac?

(Risas) Las dos cosas porque necesitamos todo tipo de ayudas. Creo que la filosofía tiene mucho de terapéutica, como dijo Epicuro, pero evidentemente hay otras dimensiones necesarias para salir a flote en la vida.

–¿A qué pensadores prefiere y por qué?

A todos aquellos que afirman la existencia en el sentido más amplio y autónomo del término. No me gusta hablar de materialistas o espiritualistas, ni me gusta poner etiquetas por escuelas, pero mis preferencias incluirían aquellos que afirman la importancia de vivir con todas sus consecuencias y la alegría como actitud, aunque a veces no sea fácil de lograr.
Mis autores favoritos… no es fácil. Aristóteles, Epicuro, Spinoza, Nietzsche, Montaigne, los frankfurtianos, Cioran, Savater, Morin… Muchos en realidad.

–¿Qué opinión le merece el interés en boga por las doctrinas orientales, los libros de autoayuda y las más variopintas tendencias de impronta religiosa inspiradas, supuestamente, en las enseñanzas de Buda, Lao Tse, el Hinduismo… a las que apelamos como si fueran la panacea o la refutación de nuestros anatemas? ¿Tenemos la “India fácil”?

Fácil no; si se utiliza como una escapatoria, como una moda, desde luego es un error. Sería un objeto más de consumo. Si se tiene un interés genuino por culturas diferentes, que aportan otro tipo de cosmovisión y de enseñanza para vivir, me parece muy adecuado porque enriquecen nuestra perspectiva, nos proporcionan otros auxilios, otros horizontes que no tienen por qué ser contradictorios con la tradición occidental.Yo abogaría por un diálogo auténtico, por la necesidad de conciliar ambas perspectivas: Occidente pone el énfasis en el árbol y a veces pierde de vista el bosque, y Oriente acentúa más la perspectiva del conjunto y olvida lo concreto.

–¿Qué le parece la exacerbada defensa de Sánchez Dragó por la cultura oriental?

Digamos que no es uno de mis favoritos.

–¿Qué le sugiere la siguiente frase: “No-filosofía: las ideas se sofocan de sentimiento” (E. M. Cioran)?

Si apunta a la necesidad de tener en cuenta ideas y sentimientos de manera simultánea, de manera conjunta, estoy completamente de acuerdo. Es quizá lo que se ha empezado a hacer de manera explícita desde hace poco tiempo. Y no es fácil. Sin entrar en el tópico de una supuesta armonía, más fácil de predicar que de practicar, exige bastante trabajo de reflexión y de “incorporación”, como diría Nietzsche, de convertir todo eso en una actitud vital. Afianzar esa alianza que de hecho existe, que ha existido siempre pero que a menudo se ha tergiversado y ocultado.

–¿Cree en Dios?

Esta pregunta no es fácil de responder porque normalmente se simplifican mucho estas cuestiones. No tiene una respuesta unilateral, decir sí o no para mí no es suficiente. No creo en el Dios “convencional”, el Dios de las religiones reveladas. Me temo que se ha convertido en una cosa, se ha “cosificado”. Tengo una cierta percepción religiosa de la existencia, un tanto de apertura mística, pero no comparto ningún tipo de dogmática religiosa. Tiene que ver con la religatio radical a lo que considero un todo abierto, donde se funde lo trascendente y lo inmanente sin ningún reduccionismo.

–¿Cómo entiende y afronta la muerte?

La acepto hasta donde la puedo aceptar, porque es una experiencia límite de la cual se puede hablar muy poco sin haber estado cerca de ella o sin haber reflexionado mucho sobre el tema. Lo acepto como parte de la vida, y como dijo el poeta: “Morir es haber nacido”.

–¿No es algo que le obsesione especialmente?

No, no me obsesiona. Pero por otro lado es algo sobre lo que creo cada vez más que hay que pensar, no en el sentido de que la muerte tenga que teñir la vida de angustia, porque como buen espinozista creo que el filósofo debe pensar sobre todo en la vida. Sin que eso signifique amargar la existencia, se trata de ser más conscientes de lo que es importante y lo que no lo es: la muerte, como todo límite, viene muy bien para contrastar las cosas y diferenciar lo importante de lo accesorio.

–¿Qué opina del suicidio?

Me parece una opción absolutamente legítima. Desde luego no es recomendable (risas), pero no tengo nada que objetar. Es un ejercicio de libertad.

–¿Y acerca del aborto, la eutanasia?…

Con todas las garantías legales, la eutanasia debería considerarse un derecho más.

–¿Debería existir un derecho a la muerte?

Sí, el derecho a decidir abandonar la existencia cuando ésta se hace intolerable. Insisto, una vez más, con todos los aditamentos jurídicos que permitan que no haya abusos.

–Díganos, ¿ha tenido alguna experiencia capital que haya cambiado su ritmo o la perspectiva de su vida? ¿Algún hecho relevante?

Creo que no ha habido uno que haya sido crucial. Ninguna experiencia límite. Aunque si lo hubiera, sería algo privado.

–¿Qué opina de la ecología actual?

Los movimientos ecológicos han tenido la función imprescindible de dar la alarma y hacer que mucha gente se conciencie sobre el deterioro generalizado de nuestro medio ambiente. Porque ese deterioro está directamente relacionado con el deterioro de la calidad de vida, no solamente en un sentido material sino también en un sentido espiritual, de lucidez y de respeto a nosotros mismos. Naturalmente, hay corrientes ecologistas como la llamada “ecología profunda” que afirma cosas que no comparto y otras que me parecen más atinadas. Sobre todo cuando la depredación de eso que llamamos naturaleza es galopante y está íntimamente unida siempre a la explotación del propio ser humano. Nos están intentando engañar una y otra vez con el hecho de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, o poco más o menos, y ésa es una voz contestataria entre otras posibles muy necesarias.

–¿Pero alguna vez hemos vivido en el mejor de los mundos posibles?

Nunca. Lo que pasa es que pocas veces se ha intentado “vender la moto” como ahora y con los medios de desinformación que existen en la actualidad, de carácter político, económico…
Me refiero a la conocida “globalización neoliberal” que me parece una auténtica estafa. No por lo que tiene de globalización sino por lo que tiene de neoliberal.

–¿Qué opina sobre la droga?

Creo que la prohibición de las drogas sólo genera más delincuencia y mafias. Pero también que su consumo se trivializa y es peligroso.

–¿Habría que legalizarla?

Sí, con controles y de manera global.

–Y en cuanto a la genética de la droga: ¿por qué nos drogamos?

Los seres humanos se han drogado siempre, porque es una puerta más hacia otro tipo de experiencia. Los trabajos de Antonio Escohotado sobre el tema son muy reveladores y también lo son respecto a la manipulación política que se hace de este tema como un vehículo de represión.

–¿Cree que hay vida después de la muerte?

No lo sé. Desde luego no en el sentido convencional de un “más allá” idílico. Es un tema sobre el que no se puede emitir un juicio mínimamente fundado. Tal vez puede haber algún tipo de evolución posterior, un estadio más no sé de qué índole. Pero es una mera conjetura. No cierro la puerta, pero desde luego no me atrevo a hacer ninguna observación.

–Por último: ¿Cuál es la esperanza de los desesperados?

No conformarse con la desesperación, no resignarse nunca. En definitiva, no claudicar. Ese es el primer paso. En este tema me remito a los frankfurtianos: no estamos en condiciones de enunciar alternativas, no sabemos lo que va a ocurrir ni podemos postular soluciones; pero sí sabemos lo que no queremos, aunque estamos empezando a perder la conciencia incluso de esto. La injusticia, por ser tan conocida, a veces se nos olvida que existe y en Occidente los
bienes de consumo nos anestesian. Creo que lo primero que hay que hacer es resistir y combatir incluso contra toda esperanza. Es una cuestión ética y estética, sin que esto signifique ser apocalíptico, que me parece demagógico. En todo caso, asumir la existencia con todo lo que implica. Si eso es pensamiento trágico, lo suscribo, entendiendo que el pensamiento trágico no es un sentimiento pesimista, ni desmovilizador. No es quejoso, sino más bien todo lo contrario.

UN LIBRO: Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.
UN LUGAR: Cualquiera en donde haya mucha perspectiva, horizonte, espacio abierto (ya sea urbano o natural.)
UNA PERSONA (LA QUE MÁS LE HAYA INFLUIDO): Ninguna única. Naturalmente, mi familia.

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