ENTREVISTA A DIONISIO CAÑAS Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO y GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

–Quisiéramos comenzar con una pregunta de biografía. ¿Cómo escala un joven nativo de esa provincia que fue del antiguo reino de Castilla la Nueva, Ciudad Real, hasta devenir profesor de Literatura allá junto a la desembocadura del Hudson, en Nueva York?

En el año 1969 conocí a alguien que me invitó a ir a Nueva York. Por otro lado, aquella ciudad era para mí un mito y siempre llevaba una foto del perfil de Nueva York en la cartera. Por lo tanto, sin muchos planes después de haber vivido en Francia durante una década, decidí que mi futuro estaba en aquella ciudad y, después de varios viajes exploratorios, en diciembre del año 1972 llegué a Nueva York y hasta la fecha allí es donde vivo.

–Nació en Tomelloso y ha escrito un libro de Historia que se titula Tomelloso en la frontera del miedo. ¿Por qué ese título? Díganos algo a propósito de su localidad natal en relación con la cultura, en general, y con la poesía en particular.

El título Tomelloso en la frontera del miedo proviene de un libro de Francisco García Pavón; no recuerdo el título de su libro. Como mi estudio trata del periodo más conflictivo de la historia de Tomelloso, 1931-1951, Segunda República, Guerra Civil y Dictadura Franquista, me parecía que el título reflejaba bien la incertidumbre en la que se vivió en Tomelloso, y en España, durante aquel periodo.
Tomelloso es un pueblo en el que la pintura y la literatura han estado presentes siempre. Ambos campos nos han dado figuras muy importantes: en literatura García Pavón, Eladio Cabañero y Félix Grande son los más destacados, en pintura Francisco Carretero, Antonio López Torres y Antonio López García son pintores extraordinarios.
Yo intento escribir poesía esté donde esté (Nueva York o Tomelloso), por esta razón tengo poemas que son urbanos (los escritos en NY o con la memoria de NY) y rurales (los escritos en Tomelloso o con la memoria de Tomelloso). Pero también he escrito poemas que están relacionados con mis viajes por Latinoamérica y por España en general; además de otros poemas cuyos temas son fotográficos, cuadros, personajes que me han impresionado por una razón u otra. En la poesía lo importante es ser auténticos, verdaderos, no importa tanto el tema como la autenticidad del poeta que se expresa a través de cualquier tema.

–Díganos cuáles son sus filósofos preferidos y por qué.

Mis filósofos, o más bien pensadores, preferidos son: Diógenes, Séneca, Orígenes, Baltasar Gracián, Nietzsche, Unamuno, Ortega, Sartre, Camus, Merleau-Ponty, Cioran y Eugenio Trías. Leo varias tendencias filosóficas porque cada uno de estos autores me aportan una plataforma para pensar sobre mi existencia y sobre el mundo que me rodea. A mí me gusta el ensayo en general, sobre cualquier tema, por eso yo no hablaría de filósofos sino de pensadores. Pero a veces encuentro los pensamientos más profundos en la poesía, en la novela, en las conversaciones de la gente, en un bar de pueblo. Lo importante es estar siempre dispuesto a aprender de los demás, estar atentos. La disponibilidad de la mente y del corazón son dos elementos esenciales para permanecer jóvenes hasta la muerte: la disponibilidad de la mente nos ayuda a ser humildes y a aprender de cualquier persona, la disponibilidad del corazón nos da la esperanza de enamorarnos más allá de las fuerzas físicas, más allá de la muerte misma.

– Una gran parte de su obra creativa está escrita en verso; sin embargo, muchos sólo le conocen por sus espléndidos trabajos e introitos a las producciones de los poetas de la década de los cincuenta. ¿Es usted partidario de esa codificación en géneros y generaciones de la profusa literatura desarrollada luego de la guerra civil?

No, no soy partidario de ninguna división por géneros o por generaciones; la palabra escrita es buena o es mala, eso es todo. Se quedan demasiados autores fuera del canon por culpa de estas divisiones y, por el contrario, algunos autores que no merece la pena que se lean están en el canon sólo porque han pertenecido a una generación brillante, aunque ellos o ellas no lo sean.

– Los escritores de la época a que nos referíamos arriba consideraban la poesía, al decir de Gabriel Celaya, como un “instrumento, entre otros, para transformar el mundo”. ¿Qué le sugiere en el presente esa frase, y cómo aprecia el panorama social y poético actual en relación con ella?

La expresión de Gabriel Celaya es una hermosa utopía pero, desgraciadamente, ningún poeta transforma el mundo, el mundo nos transforma a nosotros. La Historia es un proceso de construcción y de destrucción, como la Naturaleza pero como si la Historia fuera una naturaleza armada hasta los dientes. La poesía puede transformar nuestra forma de mirar el mundo, la realidad, la existencia, pero padecemos la Historia. Ponemos la mejor cara posible, decimos frases hermosas para convencernos a nosotros mismos de que en verdad podemos transformar el mundo, la Historia, con nuestras palabras pero no es así. Unos dicen palabras hermosas, otros pintan, otros ayudan a los demás, pero todos somos las víctimas de la irracionalidad y del absurdo de la Historia. A veces estamos subidos en la cresta de la ola y nos sentimos muy bien porque no vemos su caída, que es la nuestra, pero ya se sabe el destino de las olas. A veces caemos en la Historia como una mosca en un vaso de leche y, de repente, esa mosca se nota como si fuera lo más importante del mundo. Pero si lo pensamos bien el 99% del vaso es leche, es decir, Historia, que mantiene el 1%, que es la mosca. De los famosos grandes hombres que han cambiado el curso de la Historia (Cristo, Marx, Freud), pronto sus doctrinas se han institucionalizado y se han vuelto a cometer los mismos errores contra los que lucharon: el cristianismo luchó contra la corrupción romana y en la Edad Media la iglesia misma se corrompió, Marx quiso darle el poder al pueblo y ese mismo poder se convirtió en una dictadura contra el pueblo, Freud quiso entender al ser humano y después sus seguidores convirtieron en un negocio asqueroso sus doctrinas. Lo único positivo de todo esto es que algo ha quedado de todas sus doctrinas: el cristianismo auténtico es loable, el comunismo ha hecho que pueda existir un capitalismo más justo, el psicoanálisis ha permitido que a los enfermos mentales no se les vea como unos parásitos de la sociedad. Creo de verdad que hay que hacer algo por mejorar el mundo, pero sin esperar resultados muy espectaculares. La ecología, la justicia social mundial y la ayuda a los países más pobres es una tarea a la que todos debemos contribuir de alguna manera.

– Por cierto: ¿Qué fue exactamente esa “acción-paseo” urbana en pos de la basura que usted, junto a otros, desarrolló en julio de 2002 en Cuenca, aquello que llamaron “El gran poema de nadie”?

“El gran poema de nadie” es una acción poética que se inició en Cuenca y que seguiré haciendo este año en el Festival Internacional de Poesía de Barcelona. Consiste en recoger de la basura palabras estén donde estén impresas: cajas, papeles, servilletas de papel, vasos de plástico, carteles de la calle… Esto lo hago siempre en grupo. Luego nos reunimos todos y recortamos las palabras impresas que hemos sacado de la basura y componemos un poema uniendo, pegando esas palabras sobre un gran papel. La filosofía es: “Con la basura de todos escribiremos el gran poema de nadie”. Es un proyecto que pienso llevar a cualquier ciudad de España que le interese. Dentro de unos años pienso unir todos los fragmentos, transcribirlos, y publicarlo de una forma anónima como “El gran poema de nadie”.

– Otro inciso: Sabemos de un colectivo cultural con el que colabora y que se llama “Estrujenbank”. Denos parte de él.

“Estrujenbank” fue un colectivo de artistas que se originó en Nueva York en el año 1987 y cuyos componentes principales fueron Patricia Gadea, Juan Ugalde y yo. Hicimos exposiciones, acciones políticoculturales, tuvimos una galería de arte en Madrid, publicamos una revista y un libro, Los tigres se perfuman con dinamita (una editorial de Barcelona va a volver a publicar este libro). Éramos, pues, un grupo de acción político-cultural-artístico. La idea básica era la de contaminar el arte y la vida cultural con una conciencia política para que la gente no se durmiera con los triunfos socialistas de aquellos años.

– Volviendo a la poesía. José Hierro, que murió no hace mucho, era amigo suyo; además, escribió Cuaderno de Nueva York en su piso de Manhattan. Como él mismo decía, fue el poeta, por antonomasia, testimonial de la posguerra. Lírica social, sensaciones que experimenta el hombre solitario… ¿Quién y cómo era José Hierro? Y, a propósito de su Libro de las alucinaciones, en el que el poeta insiste en lo que experimenta cuando escucha a Bach o Vivaldi, díganos –de paso– qué música prefiere usted.

No puedo explicar aquí la enorme importancia que tuvo José Hierro en la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, pero sí puedo decir que fue un extraordinario poeta y una excelente persona. Su obra es una mezcla de alucinaciones voluntarias y de crónicas voluntariosas, pero en verdad toda su obra es una autobiografía en verso.
La música me gusta en general, no tengo preferencias, aunque la música experimental y la popular son las que más me gustan. La escuela de Viena de principios del XX es la que más me interesa en general; Berg en particular.

– En uno de sus libros de crítica expone usted la relación entre la ciudad de Nueva York y los escritores hispánicos. ¿Puede iluminarnos brevemente en este sentido?

Yo creo que lo mejor es que quien esté interesado en este tema lea mi libro El poeta y la ciudad.

– Es usted especialista en Literatura Peninsular, pero, ¿por qué autores anglosajones, por así decirlo, tiene más debilidad?

Walt Whitman, Wallace Stevens y todo el romanticismo inglés son mis escritores anglosajones preferidos, pero no los únicos que leo.

– Vivió ocho años en Francia y le exhortamos a que nos retrate su actividad allí. Además, y a propósito de Francia, en su último libro de poesía, Corazón de perro, nos ha llamado la atención que subtitule algunos de los poemas con la expresión “paseando con Cioran”. ¿Conoció a Cioran personalmente? ¿Qué opina de él?

Mi familia emigró a Francia cuando yo tenía 10 años. Allí me eduqué y allí viví los años 60 con una gran intensidad. Cioran es uno de mis pensadores preferidos, aunque no lo conocí en mis años de Francia. En mi último libro de poemas uso algunos de sus pensamientos, frases, por esta razón pongo lo de “paseando con Cioran”. Yo trabajo algunos poemas reciclando frases de autores que me gustan, porque sé que no puedo decir lo mismo mejor que ellos, por esta razón menciono algo para que no se crea que estoy copiando a nadie sino que lo que estoy haciendo es invitando al lector a que lea a Cioran.

–¿Se vincula usted a algún tipo de “sentimiento religioso”? No sabemos si está bien formulada la pregunta. Nos referimos a si cree en Dios y a cuál es su percepción de lo trascendente frente a lo inmanente. ¿En qué plano, pues, cabría situar su concepción de la existencia humana?

Todo lo que hago en la vida tiene una sola dirección: la búsqueda del amor humano en su doble sentido individual y social. Cuanto más leo, cuanto más escribo, cuanto más pienso, siempre llego a la misma conclusión: amar y ser amado es el eje de lo humano, de lo religioso, de lo intelectual, por lo menos en mí. De ahí quizás que sí pueda decir que soy una persona religiosa, pero no practico ninguna religión, que soy un pensador, pero si tuviera que pensar abstractamente no podría…

– ¿Cuál es, a su juicio, el porvenir de quienes estudiamos filosofía en la Universidad?

La filosofía, como la poesía, no sirve para nada y esa es su grandeza. Admiro profundamente a cualquier persona que se dedique a la filosofía porque ésta, con la poesía, es el único remanente de idealismo que nos queda. La filosofía es el arco de luz que va desde el nacimiento a la muerte; la sombra de este arco de luz es la que debemos salvar. Pero la enseñanza de la filosofía es absurdamente mecánica. Cualquier estudiante de filosofía lo que debe hacer, además de leer a los grandes maestros, es estar siempre entre la gente, por estúpida y banal que nos parezca a veces esa gente. En la vida es donde está el origen y la fuente de toda filosofía y en las universidades no se sale nunca a la calle. Estar atentos a la vida, al lenguaje de la vida, eso es lo que nos enseña la filosofía. Como profesión me parece una carrera excelente: ¿hay tarea más hermosa que pasarse la vida pensando en el ser humano?

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