EL PARAÍSO Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

Siete años esperándolo. Dos mil quinientos cincuenta y cinco amaneceres ahorrando cada Kwanza que conseguía arrebatándole a la Tierra esas minúsculas piedras.
El agua está inquieta.
Algún día tuve la intención de tragarme alguna. Quizá no se enterarían pero su cara y sus armas me daban mucho miedo. Allí todo el mundo tiene armas. Aún recuerdo su olor, tengo ganas de verla. Ojalá encuentre ese trabajo pronto y pueda traérmela conmigo al paraíso. Estoy harto de guerra. Ella no lo merece.
El ruido del motor me despierta del sueño.
Apenas tengo agua.
Hace demasiado calor. Algunos de mis compañeros han enloquecido. Otros yacen moribundos a los lados. A otros los abandonamos hace ya unos días. Tengo ganas de llegar. Aquí nadie habla. Muchos tienen ya la lengua hinchada y negra. Les es imposible hacerlo. Otros como yo, aún podemos llorar acordándonos de los nuestros.
Tengo ganas de trabajar. Quiero que mis hijos tengan algo que llevarse a la boca. No quiero que les mate la guerra.
El motor se para.
Primero hace un ruido raro. Después empieza a oler como si estuviera quemado. Después nada. Está parado.
Estamos en medio de la nada. Sólo agua y más agua al rededor. Nos miramos anonadados. Aquél hombre de la playa nos dijo que llegaríamos sin problemas.
No puedo olvidarme del abrazo de mi esposa. Quiero volver a sentirte. Deseo volver a ver los atardeceres del okabango. Minha menina…
Aún recuerdo tu cara la primera vez que te vi. Desde aquel momento empecé a ahorrar. Quería que pudieras vivir bien. En un lugar donde no existen los problemas. Allí donde todo el mundo es feliz. Quiero que conozcas aquello que vimos en la televisión satélite de chefe.
El motor parece no volver a encenderse.
Hace ya casi tres meses que no te veo. Pero quiero que la próxima vez que lo hagas sea con orgullo, por haberte traído o primeiro mundo . O mundo que merecem teus olhos. Llega la noche. Hace frío. La humedad llega hasta los huesos. Te hecho de menos. Me gustaría estar abrazado a ti. No me gusta el mar. Este olor a salitre empieza a marearme. Llevo demasiado tiempo en este barcucho. Somos demasiados. No sé nadar.
El mar empieza a picarse.
Tengo miedo. El bote está zozobrando. Somos demasiados y tenemos poca estabilidad. Joao cae al agua. No tengo fuerzas para ayudarlo. El agua ahoga sus gritos. Las mujeres, algunas embarazadas, lloran desconsoladamente.
El paraíso se aleja. Más de 40 personas nos estamos jugando la vida por llegar. Ojalá merezca la pena. Seguro que sí. Al fin y al cabo somos personas.
Se acerca una ola.
El tiempo pasa despacio. El pavor se refleja en nuestras caras. Me acuerdo de ti. Miro al cielo pidiendo que seas feliz.
La ola golpea la popa. El impacto tumba el barco. Vamos a caer.
El agua está fría. Tengo entumecidos los músculos y la deshidratación me ha arrebatado las últimas fuerzas que me quedan.
Lo siento, mi vida.

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