DIWÁN

Por GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

Llévame, Kadidja, hasta la mezquita de Beyshehir
Para que allí contemple las alfombras árabes
Adornadas con bella letra cúfica
De cuyo esplendor
Escribiera Marco Polo.
Enséñame el manuscrito de los Antidota
–Traducción mora de Galeno–
Donde la garza y el cangrejo
Componen un cuadro delicado y sutil.
Trasládame a Bagdad
Influida por Grecia
Bendecida de Alá
La estimada selyúcida
Antes de que, como decía Khayyam,
Las tijeras de la Parca
Corten nuestro aliento
Y nuestro cuerpo
Como una jaima
Lo desmonte el destino.
Sé, Kadidja, cicerone en Sevilla
Y muéstrame la mezquita
Del almohade Yaqub.
Quiero ir a Isfahán
Capital de la pintura
Para ver los bocetos de Shabi Abbasi
Y las damas en picnic
Pintadas por Khosrau.
Indícame, Kadidja, qué escribían los poetas
En los jardines de Kashmir
Meditando
En las interminables
–Como tus párpados–
Noches de verano.

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