¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

La vida de Ortega y Gasset estuvo desde un principio ligada a las letras. Su padre, José Ortega Munilla, fue director de Los Lunes del Imparcial, prestigioso suplemento literario del diario más importante de la época, El Imparcial, fundado por Eduardo Gasset y Artime, abuelo materno de Ortega. Éste pasó sus primeros años en Madrid, con temporadas en Córdoba y estudios en el Colegio de los Jesuitas en Miraflores del Palo (Málaga, 1891-97). Al año siguiente estudió en Deusto, y luego en la Universidad de Madrid. Se licenció en filosofía y letras en 1902 y se doctoró en 1904 con una tesis sobre Los terrores del año mil: Crítica de una leyenda. De 1905 a 1907 estudió en Alemania, en las universidades de Leipzig, Berlín (donde siguió cursos de Simmel) y sobre todo Marburgo (donde fue discípulo de los neokantianos Cohen y Natorp). En 1908 fue profesor de la Escuela Superior del Magisterio, de Madrid, y en 1910 ganó la oposición a la cátedra de metafísica de la Universidad (que antes había desempeñado Salmerón). Ortega comenzó a publicar en 1902 (Vida Nueva, Faro, El Imparcial, Revista de Libros, etc.); de 1914 a 1915 dirigió la revista España y en 1914 publicó su primer libro, Meditaciones del Quijote; en 1916, una colección de ensayos anteriores, Personas, obras, cosas, y el primer volumen de El Espectador, casi una revista personal (8 vols., hasta 1934). Este mismo año hizo su primer viaje a la Argentina, invitado por la Institución Cultural Española de Buenos Aires, y tuvo un enorme éxito, que lo dio a conocer en toda Hispanoamérica. En 1917 se fundó El Sol, un diario de muy alta calidad y prestigio, donde Ortega colaboró con frecuencia. Dirigió la Biblioteca de Ideas del Siglo XX, de Espasa-Calpe, y en 1923 fundó y dirigió la Revista de Occidente (que alcanzó el máximo prestigio y se publicó hasta la Guerra Civil en 1936) y la biblioteca de esta revista, cuya actividad no se ha interrumpido. Durante la dictadura de Primo de Rivera mantuvo Ortega una actitud crítica, especialmente frente a las intervenciones políticas en la vida intelectual y universitaria, y en 1929 renunció a su cátedra; en esa misma fecha dio su famoso curso extrauniversitario ¿Qué es filosofía? (publicado después de su muerte, en 1957), contenido principal del libro al que nos referimos en este breve escrito.
En 1928 había estado en la Argentina por segunda vez; en esta fecha se iniciaron sus traducciones a otras lenguas (El tema de nuestro tiempo, de 1923) en 1930 publicó La rebelión de las masas, Ortega ocupó su cátedra universitaria, donde formó una escuela de filosofía, hasta el comienzo de la Guerra Civil, en 1936. Poco después de estallar ésta, el filósofo, gravemente enfermo, salió de España; residió en París, Holanda, la Argentina y Portugal. En 1945 volvió a Madrid, donde pasó desde entonces largas temporadas, aunque conservó su residencia en Lisboa e hizo estancias frecuentes en Alemania (desde 1949), una en los Estados Unidos (en la misma fecha) y breves viajes por otros países de Europa. En 1948 fundó, en colaboración con Julián Marías, el Instituto de Humanidades, en Madrid. Su figura fue siempre muy discutida, especialmente en los últimos años y después de su muerte, que sobrevino, después de una breve enfermedad, el 18 de octubre de 1955. Mantuvo siempre una absoluta independencia, que lo apartó de su cátedra provisionalmente en 1929 y definitivamente en 1936, y le hizo anteponer a cualquier otro interés la veracidad y su profunda fe en la libertad. Otros libros importantes de Ortega son: Las Atlántidas (1924); La deshumanización del arte (1925); Misión de la Universidad (1930); La redención de las provincias y la decencia nacional (1931); Goethe desde dentro (1932); En torno a Galileo (1933); Historia como sistema (1935); La idea del teatro, Meditación del pueblo joven, Prólogo para alemanes y su libro más extenso: La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva.
Su filosofía, el raciovitalismo, resulta una superación de realismo y del idealismo, reconociendo el parcial acierto de ambos, y una evitación del doble error del relativismo y el racionalismo. Gran lector y amante de la cultura europea, la obra filosófica de Ortega ha anticipado innumerables ideas que luego han sido desarrolladas en el pensamiento europeo posterior, aunque, eso sí, elaborando un pensamiento diferente del existencialismo y de las demás corrientes europeas contemporáneas, de gran fecundidad metódica. Tiene una gran influencia en todos los campos de las humanidades, que reinterpretan sus conceptos en base a los escritos de este autor. Llevó el punto de vista filosófico a multitud de temas, y hoy esta actitud es compartida por muchos de los filósofos, que aprovechan su pensamiento.
El propósito de este escrito es abordar una de sus obras más importantes: “¿Qué es filosofía? ”. Curiosas son, las circunstancias que rodean a este libro, una reunión de conferencias realizadas en 1929. La agitación universitaria, el cierre de la universidad de Madrid hasta 1930 que no era más que el reflejo de lo que también pasaba en el resto de España. El 9 de abril (en la sala Rex ) comienza la primera de las diez lecciones de filosofía bajo el título general de ¿Qué es filosofía? La primera de las conferencias es una especie de declaración de intenciones; en ella, Ortega declara que no pretende realizar una introducción a la filosofía, aunque el título pudiera sugerirlo. Más bien, lo que pretende es realizar un análisis radical de la filosofía. En esta exposición inaugural, Ortega admite la existencia eterna de las ideas, que adquieren un cariz histórico cuando son descubiertas por un sujeto real, contemporáneo a un tiempo. Esta intención de Ortega de radicar la filosofía en la vida significa un cambio de planteamiento con respecto a la situación filosófica finisecular. Sin embargo, podríamos reconocer una cierta disparidad entre esa idea y el sujeto que la trae a la historia. Por ello, las verdades cambiarían debido a los individuos. Por ello se hace necesaria la revisión de la filosofía. Encontramos aquí la primera relación de la filosofía, tan aparentemente ideal y alejada al ámbito de la historia, de la vida del hombre. Como bien reconoce el prólogo de José Luis Molinuevo, en el propósito del curso se encuentra escondido un optimismo en cuanto a la situación intelectual española, capaz de reorganizarse en torno a actitudes liberales .
Precisamente en la segunda de las conferencias pronunciadas, ahonda en el sentido de la historia y su relación con la naturaleza humana. El cambio histórico no significaría el nacimiento de un hombre nuevo . La coetaneidad de las generaciones es un hecho y por ello se hace imprescindible el surgimiento de una nueva vitalidad, de una nueva actitud ante la vida. La historia para Ortega no es lineal, más bien, en un mismo punto subsisten pasado, presente y futuro. El problema filosófico español tiene como su origen, en opinión de Ortega, el pensamiento fácil burgués, más preocupado por el amaestramiento de la materia, la nuova scienza moderna. Así, el filósofo se vio agobiado por la extraña sensación de ver que sus conocimientos no podían ser tolerados bajo ese sistema. De este modo la filosofía se limitó a estar al servicio de la ciencia. Esta contraposición entre filosofía y ciencia resultará el tema de la cuarta comunicación de Ortega. Pero, a pesar del tiempo que pasaba entre una y otra conferencia, el hilo argumentativo de Ortega se mantenía intacto ya que la tercera de las conferencias continua abordando las diferencias entre ambos tipos de pensamiento. Cierto es que el no ser ciencia no es ninguna deshonra para la filosofía. La doble vía de certidumbre de la física no es suficiente para asegurar su superioridad. Basta con echar un vistazo a la historia de la ciencia para darse cuenta de la relatividad de su conocimiento. Incluso los científicos se ven obligados a no dudar de ciertas cosas. En numerosas ocasiones es difícil imbricar ciencias por separado. La ciencia, para Ortega sólo tiene contacto con la realidad mediante el ensayo, el experimento. Así, podríamos decir que ese campo común y necesario sería la filosofía. Definirla como <> deja escapar todo el dramatismo y el tono de heroicidad e intelectualidad es que la filosofía vive, puesto que la filosofía no parte de la conciencia del mundo como presupuesto, sino que se embarca para lo desconocido, ignora cual es su objeto o la particular esquirla del universo por la que va a partir, solo sabe que es un objeto integral, auténticamente uno, el único que se basta, por no ser dado, es el objeto perennemente buscado, a falta de presupuestos parte como de la nada hacia la búsqueda de puerto seguro.
En la lección cuarta profundiza en la definición de Filosofía como Conocimiento del Universo. Cierto es que el hombre necesita formarse una visión total del mundo que le proporcione seguridad. Por ello se necesita alejarse de la visión probabilística de la ciencia y regresar a la vida. Esa es la filosofía. Solo el filósofo hace de la duda gnoseológica, ingrediente esencial de su actitud cognoscitiva; cabe en él la posibilidad de que su objeto se vuelva indócil al tratamiento filosófico. Toma el problema tal cual se presenta, sin objetos previamente amansados, como los de las ciencias particulares. La ciencia es un proceso fluyente y como una procelosa navegación hacia la cosa anhelada, en la cual se olvida, la marcha de la conciencia, como “conciencia del problema”, en su lugar, hay un sistema de problemas casi invariables que pasan de generación en generación y constituyen el patrimonio y legado cultural de la historia. La filosofía, por contrario, es el heroísmo intelectual por excelencia, es conocimiento del universo o de todo cuanto hay, pero al partir, no ha determinado que es lo que hay, multiverso o Universo.
La filosofía, por contrario, es el heroísmo intelectual por excelencia La quinta, última de las conferencias que dio en el teatro Rex, atestigua, denuncia la inseguridad que el mundo nos ofrece. Su multiplicidad nos abruma obligándonos a darle unidad, a dotarle de una integridad. Eso es filosofar: seguir la huella de lo ausente con autonomía. Pretende traer a la superficie lo que yace subterráneo, misterioso e impostergable, no es un itinerario que nos sumerge en el territorio de la verdad mas profunda, sino que torna patente la verdad indecible. Siguiendo con el mismo tema, en la sexta de las conferencias Ortega aborda esa forma de actuar que es la filosofía. Al reconocer que la filosofía no admite criterios exógenos a la vez que busca la totalidad universal, se aleja del mero sensualismo positivista que necesita la presencia del objeto. El pensamiento filosófico sería mantener los cinco sentidos en absoluto para captar el universo. Las cosas se nos hacen presentes dependiendo de su consistencia. Ésta es otra diferencia más con la ciencia, que vive de ilusiones, reducciones producto de la ciencia matemática.
La séptima de las lecciones añade algunas características de este actuar filosófico. Así, mientras que la ciencia reconoce los objetos del universo como realidades indubitables. Objetos que han de ser relevantes para el sistema con el que los estemos contemplando. Sin embargo, la filosofía no aceptaría las cosas como tal, no se conformaría con la existencia del Universo, sino más bien se escindiría de las creencias vitales con objeto de cuestionarlas. Filosofar es abandonar el Universo para cuestionarlo.
En la octava entrega de este curso sobre la filosofía, Ortega piensa su concepto de yo. El yo orteguiano es intimidad, es el centro de nuestra conciencia. El mundo moderno ha abandonado ese olvido de sí para pasar a afirmarse orgullosamente. La duda es imprescindible para el pensamiento pero existe algo que no podemos negar: el pensamiento. Negarlo ya es pensar. El pensamiento se tiene a sí en su íntegra posesión. De la duda, la historia extrae lo viejo para insertar cosas nuevas. El pensamiento se ha tragado al mundo, las cosas se funden como en una magnifica doctrina antinatural, se vuelven ideas, es como estar viendo al mundo, al revés. El idealismo descubre al pensamiento y en esto consiste su superioridad, en el hecho de haber descubierto una cosa en el mundo que consiste fundamentalmente en ser para sí, en un darse cuenta. Descubre a la conciencia como reflexividad. Aquí introduce el tema de Dios y el alma. El alma es lo que verdaderamente es cuando se ha quedado sin mundo. No hay mejor manera de entrar en contacto con Dios que en soledad. Estar con Dios, es aniquilar virtualmente la realidad; desterrar lo cósmico y lo terreno, el alma en su urgencia hará lo mismo que el escéptico con su duda metódica. La modernidad nace de la cristiandad.
En la lección novena expone que el idealismo es la doctrina imperante en su época, porque en ella todos han sido adiestrados. Urge por tanto decirle al yo que recuerde ese mundo que ha olvidado. La superación del idealismo es hoy la gran tarea ha cumplir. El gran error de la filosofía fue convertirse en subjetivismo, en crear una dependencia de las cosas a que “yo” las piense, de pensar que podría existir sujeto sin objeto. El “yo” y el “mundo” lo son correlativamente. No hay uno sin el otro. Vivir es un modo de radicalidad; toda otra cosa y modo de ser es tan solo detalle de ella, simple referente. La filosofía, es ante todo vivir, y vivir es la forma precisa de todo filosofar.
En la penúltima conferencia continua con la explicación de ese yo en relación con el mundo. El ser se da cuenta de su relación con el mundo. Universo y Dios, son contenidos de mi vida, porque no solo es el <>, sino que le acompaña el mundo. Mi cuerpo mismo no es más que un detalle del mundo que encuentro en mí, detalle que, no es de mucha excepcional importancia; pero no deja de ser tan solo un ingrediente entre innumerables que hallo en el mundo ante mí. Vida, es por lo pronto, lo que somos y hacemos: Vivir significa estar transparente a las situaciones que me rodean. Es continua decisión, análisis, sentimiento. Esa es la verdadera paradoja del hombre: La vida.
Por último, y para concluir este breve resumen del texto antes de comenzar con los comentarios formales, el comentario crítico y la bibliografía utilizada, expongamos brevemente la última de las lecciones de este curso, a la sazón, undécima. En ella realiza una especie de resumen. El espíritu necesita digerir su pasado para construirse a sí mismo. El problema principal de la filosofía consiste en determinar qué nos es dado en el Universo. Tanto los filósofos como los científicos idealistas han de hablar con verdad de leyes. La filosofía sería un afán de vivir, una búsqueda de sí misma. El atributo principal de esta realidad tan radical que es nuestra vida es existir para sí misma, darse cuenta de sí misma. La vida no se puede suplantar en las masas , la preocupación por la vida es fundamental, no se puede renunciar a la construcción del propio destino. La responsabilidad es esencial.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FORMALES Y COMENTARIO FINAL

Como ya hemos comentado con anterioridad, este libro es una recopilación de las once lecciones de las que constaba el curso ¿Qué es filosofía? que Ortega se dispuso a dar en 1929. Resulta muy descriptivo decir que, sorprendentemente, la asistencia a estos cursos era masiva y se recibían cartas solicitando que estos cursos se hicieran a otras horas para que los trabajadores también pudieran asistir. Cada uno de los escritos se confeccionaron basándose en las lecturas reales de Ortega por lo que no es difícil encontrar repetición de ideas, continuas revisiones de las ideas expuestas… todo ello con el fin de que su exposición fuera completamente comprensible para la audiencia. Incluso, si alguna vez la argumentación del autor pierde un poco de fluidez es debido, sin ninguna duda, al carácter oral de todas estas explicaciones. Sin embargo, a pesar de esto, se puede reconocer en este libro la sorprendente capacidad expresiva de Ortega. Algunos de los párrafos de este libro (recomiendo especialmente uno que habla sobre el relevo generacional) son bellos y claros. Ortega y Gasset era un extraordinario escritor y este libro, a pesar de ser una recopilación, también lo demuestra.
Merece la pena, pues, leer el libro, que elogia la filosofía, defendiéndola de las ciencias e incluso de algunas de las corrientes filosóficas más analíticas, de una manera absolutamente preciosa. Otro haber digno de reseñar es el hecho de la clarividencia de Ortega en diversos ámbitos. No es difícil asentir desde nuestra posición actual sobre algunas de las apreciaciones que él hizo a principios del siglo pasado. Conviene darse cuenta que, así, la filosofía sí tendría esa finalidad de guía vital. No sólo eso. La filosofía sería una guía ¡certera! para nuestras vidas.

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

ORTEGA Y GASSET, J.: “¿Qué es filosofía?”, Madrid: alianza, 1999
ORTEGA Y GASSET, J.: “Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía”, Madrid: Revista de occidente-Alianza, 2002
ORTEGA Y GASSET, J.: “La rebelión de las masas”, Madrid: Tecnos, 2004
ORTEGA Y GASSET, J.: “Estudios sobre el amor”, Madrid: Circulo de lectores, 1966.

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