NOTAS PARA UNA COMPRENSIÓN ESTÉTICA TRADICIONAL DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

Inicialmente, cuando abordamos la reflexión sobre aquellos temas que llamamos punteros, parece que cualquiera de las antiguas categorías se nos debería quedar corta, insuficiente para completar nuestro pensamiento de actualidad. Parece, pues, que habríamos de renegar de nuestra tradición en la medida de lo posible para conseguir esa reducción casi fenomenológica que nos permita reflexionar sobre eso tan actual a lo que nos estamos enfrentando.
Aunque pareciera apropiado dejar de lado todo aquello que se encargaba del pasado, a favor de un pensamiento únicamente del presente, de la brecha, es precisamente todo ese pasado el que ha ido evolucionando hasta este momento presente. Ese pasado tenía, en términos aristotélicos la potencialidad de lo que ahora es la verdadera actualidad.
La reflexión estricta sobre las nuevas tecnologías nos arroja una conclusión inevitable. No sólo es innecesaria aquella reducción sino que además puede ser peligrosa. Para entender las nuevas tecnologías debemos acudir a las viejas categorías filosóficas éstas se han de comprender como sustituto evidente de otros asideros perdidos ya desde la filosofía barroca y la romántica.
Cuando Pascal se daba cuenta del abismo que existía entre lo trascendente y lo inmanente solo le quedaba la irracional apuesta por aquello. Cuando los filósofos barrocos explicitan los primeros ensayos de filosofías existencialistas están llorando por la pérdida paulatina de seguridades que el pensamiento escolástico les había proporcionado. La teología cristiana era un buen agarradero al que asirse en casos de impotencia o soledad. ¿Y ahora qué?.

PAUL RICOEUR Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Las metáforas del pecado original de la fe cristiana, o la caída platónica son ejemplos de la conciencia que se tiene de ello. El mordisco de la manzana del árbol de la ciencia no es más que la pinturación de una realidad constatable: la realidad tecnológica intrínseca de la raza humana. Esto es a lo que yo denomino necesidad tecnológica. Para explicarla vayamos a Paul Ricoeur . El filósofo francés postula una antropología que afirmaría la existencia humana como anterior a la conciencia. No es existencialista sin embargo, está hablando de una existencia encarnada, un cuerpo vivo, con sus capacidades y sus limitaciones. Además, como soy libertad, puedo darme, al más puro estilo heideggeriano, un proyecto de existencia. El centro de la voluntad de Ricoeur es la acción. El yo ricoeuriano es un pensamiento de futuro constante con un anclaje inevitable en el presente. El hombre es un mixto de labilidad y de capacidad. Precisamente desde ahí es donde podemos empezar a radicar el concepto de necesidad tecnológica.
Esa labilidad intrínseca del ser humano es la que le mueve a ser tecnológico, eso es evidente. ¿Qué otra cosa habría permitido sobrevivir a ese animal inespecializado, sin instintos, de cuerpo débil, si no fuera por el regalo prometeico del fuego?
La lectura de las nuevas tecnologías como sustitutas de la debilidad humana es archiconocida y me atrevería a decir que ya algo anticuada. Sin embargo, no es difícil encontrar justificaciones a movimientos vanguardistas como el posthumanismo desde esta misma óptica. En lugar de hablar de un cuerpo vivo, los posthumanistas se refugian bajo el mismo lema: body is obsolete. De este modo, parecen haber pasado de una filosofía incorpórea a otra que repudia el cuerpo, y este es, en mi opinión, un problema que se debe solucionar.
Vita-More reclama, como ya dijimos anteriormente, la posibilidad de convertirse en arquitecto de su propia existencia. Un reclamo existencialista clásico a pesar de la novedad de su aplicación. A propósito de esta cuestión, José Ortega y Gasset afirmaba que «la técnica es la producción de lo superfluo» , algo que de primer modo ya desmonta lo de la mera satisfacción de necesidades de supervivencia. Ortega, en este escrito, comenta que la única forma de vivir que busca el ser humano es la de vivir bien. Es incluso una diferencia substancial con el resto de los seres vivos. De este modo, la técnica se convertiría en un esfuerzo para ahorrar esfuerzo. Citando:

«Actos técnicos –decíamos– no son aquellos en que hacemos esfuerzos para satisfacer directamente nuestras necesidades, sean estas elementales o francamente superfluas, sino aquellos en que dedicamos el esfuerzo, primero, a inventar y luego a ejecutar un plan que nos permita: 1º Asegurar la satisfacción de las necesidades, por lo pronto, elementales; 2º Lograr esa satisfacción con el mínimo esfuerzo; 3º Crearnos posibilidades totalmente nuevas».

Da sin duda algo que pensar ese último tercer punto. Gracias a la creación de posibilidades nuevas se nos puede permitir ese deseo que solicitaba Natascha Vita-More. Justo el mismo anhelo que tenía Ortega, hace ya 67 años.

MEDIOS Y FINES: HACIA EL CONCEPTO DE NECESIDAD TECNOLÓGICA

El camino principal para entender la función de la técnica se centra precisamente en esa misma aspiración. La creación de «programas de ser» es la que en definitiva determina el uso, y por ende la evolución, de la técnica. Esa posibilidad de crearse un proyecto de existencia, elegir si se quiere ser yogui, bodhisatva o cualquiera otras elecciones que otorguen un camino de sentido a su vida. La técnica para Ortega estaría destinada, como una especie de ser-para, a ayudar al hombre a conseguir su propio proyecto de existencia.
No parece demasiado congruente pensar que una de las características substanciales del ser humano, ser técnico alejado de las necesidades primarias, se convierta únicamente en un medio y no un fin en sí mismo. Es precisamente esto lo que denota un pensamiento aún en pañales en todo lo que respecta a las nuevas tecnologías. Pero recuérdese que este conjunto de conferencias fue concebido en 1939, en Argentina, por lo que su anticipación y clarividencia son manifiestas.
De este modo, podemos iniciar un primer esbozo de aquello que denominaba necesidad tecnológica y que es un recurso para solucionar la aparente inconsistencia de la filosofía de la tecnología orteguiana.
¿Cómo compaginar la sustancialidad humana de la técnica y el proyecto de ser? El mixto ricoeuriano, el esfuerzo por ahorrar esfuerzo orteguiano y los proyectos de ser tanto de Heiddegger como del mismo Ortega se pueden fusionar postulando una nueva categoría antropológica: necesidad tecnológica intrínseca. Defino la necesidad tecnológica como aquella cualidad exclusivamente humana que obliga al hombre a realizar su proyecto de existencia a través de vías únicamente tecnológicas . En otras palabras, el hombre es hombre por que es tecnológico. Un Homo tecnologicus, no que necesite la tecnología sino que la tecnología misma es su única forma de hacer las cosas. Incluso el ser humano más antitecnológico que pudiéramos concebir resuelve sus problemas de una forma tecnológica. Ese es el legado de la manzana. Como dicen los transhumanistas, «ya hemos conseguido dos de los tres deseos de los alquimistas, ahora vamos a por la inmortalidad».
Sin embargo, hay autores arquetípicos y movimientos culturales que no expresan un optimismo casi naturalista sino que más bien se encuentran en la posición totalmente opuesta.
El desideratum posthumano borra los límites de la creación abriendo el mundo a nuevas posibilidades. Esto pudiera llegar a obligar a cambiar aquello que entendíamos como identidad humana.

LITERATURA ROMÁNTICA Y CIENCIA FICCIÓN

A partir del relato de Shelley Frankenstein podemos datar el inicio de la literatura distópica con respecto a las nuevas tecnologías. En ella no sólo podemos encontrar la pregunta por la identidad del ser humano a propósito de la tragedia del monstruo creado sino también podemos preguntarnos por dos cuestiones diferentes: la responsabilidad de la creación y la autonomía de las nuevas tecnologías. Frankenstein descubre, gracias a la investigación, el misterio de la vida y lo comprueba. Al contemplar su propia creación, el doctor huye aterrorizado a pesar de los esfuerzos de “la cosa” por acercarse a su creador. Él mismo se reconoce como el ángel caido . La novela se convierte en una exigencia continua de asumir los deberes de la creación por parte de la cosa a su creador y de una elusión de los mismos por parte del Doctor Frankenstein. ¿Cuál es la responsabilidad de este nuevo creador que es el ser humano?, ¿debe correr despavorido cuando observe su obra?, ¿es autónoma la creación humana?. Son muchas las dudas que nos asaltan a la hora de abordar estos temas desde diversos puntos de vista.
Donde se hace especialmente manifiesto este pesimismo tecnológico es a partir de las novelas distópicas de ciencia ficción de la primera mitad del siglo pasado. La tradición nace, probablemente, del escritor ruso Yevgueni Zamiatin (Lebedian, Rusia, 1884). Desde este autor sería imposible entender la obra de Fritz Lang, Huxley o el propio George Orwell, que reconoció que Nosotros (1921) había sido la principal inspiración de 1984. En esta obra, Zamiatin describe una sociedad opresiva, completamente deshumanizada, que rechaza cualquier tipo de metafísica, religión (natural, no de Estado), que programa los actos sexuales, en la que los individuos se disuelven en la gran ecuación del todo, a pesar de las necesidades del protagonista D-503 .
Una sociedad similar se muestra en la obra Un mundo feliz de Huxley, donde las relaciones interpersonales están controladas, al estilo de los cupones rosas de Zamiatin, el sistema social es profundamente jerarquizado, inmovilista, donde la tecnología determina completamente la realidad social y la de cada uno de los individuos.
El control de los individuos por medio de la tecnología es un patrón que se repite a lo largo de muchas novelas de ciencia ficción. En la misma 1984 de Orwell, el control del famoso Gran Hermano es un invento tecnológico, los controles de ficheros de la historia, los medios de comunicación de masas…
Pero quizá lo más importante de este tipo de literatura no sea su pesimismo tecnológico sino la capacidad que otorgan a las Nuevas Tecnologías para modificar la sociedad. Evidentemente, ahora las TIC son el elemento más importante de cambio social, pero debíamos destacar la capacidad de ciertos escritores que llamaríamos distópicos para adelantarse en su visión de la nueva sociedad de la información.
Uno de los fenómenos de reflexión actual sobre el tema de las nuevas tecnologías se encuentra en el cine de los últimos años, sobre todo en películas que adaptan novelas clásicas de la ciencia ficción u otros medios de expresión más heterodoxos como el fenómeno de cómic japonés manga, entre otros. Blade Runner, la película de Ridley Scott, que lleva a la pantalla la novela de Philip K. Dick Do androids dream of electric sheep? de 1968, I robot, una interpretación sui generis de Alex Proyas sobre la novela homónima de Isaac Asimov datada en 1950, o la trilogía Matrix de los hermanos Wachowski, basada en un conjunto heterogéneo de filosofía oriental, clásicos occidentales y cómics manga. Incluso podemos encontrar una adaptación de la novela de Aldous Huxley, Brave New World (1932), realizada por Leslie Libman y Larry Williams para la televisión en 1998.
La novelas de Philip Dick y de Isaac Asimov van en completa consonancia con la visión que ya hemos expuesto a propósito del trabajo de Mary Shelley, buscando una identificación con el sujeto opuesto, una mirada a través de los ojos de la víctima que nos permiten cambiar el prisma de visión para conseguir mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre nuestra naturaleza. Situarnos en la piel de los replicantes o de Cutie respectivamente nos lleva de inmediato a acordarnos de creación de Frankenstein y, en definitiva, de la principal creatura, el ser humano. El segundo renacimiento, especialmente su primera parte, uno de los cortos de dibujos animados de la saga Animatrix, aborda del mismo modo una especie de visión de la víctima y una crítica a la humanidad. Incluso, viajando un poco más atrás, Tiempos Modernos de Chaplin plantea una reflexión a propósito del cambio social producido por la inclusión de las tecnologías.

VINOS NUEVOS EN ODRES VIEJOS

A la hora de revisar las tecnologías, a fin de construir, en palabras de Ortega, ese proyecto de existencia, necesitamos revisar la tradición que al final nos descubrirá, en palabras de José Luis Molinuevo «la virtud de lo nuevo consiste en dar respuesta a una necesidad muy antigua: la de vernos finalmente desde lo que somos: seres tecnológicos». Molinuevo rescata tres relatos de la historia para evaluar el tema de las nuevas tecnologías: el génesis, el platónico y el humanista. La certeza de vivir en un mundo de imágenes, gracias al relato clásico de Platón, el discurso a propósito de la dignidad del hombre, propio del humanismo renacentista, o precisamente, la miseria humana de ser mera criatura. El humanismo tecnológico de José Luis Molinuevo «surge del cruce de modernidad con la vida corriente. Se trata no de un humanismo basado en la humanidad (tesis idealista) sino en el individuo».
Asimilar las nuevas tecnologías a través de viejas categorías filosóficas no es un indicio de retraso sino más bien una responsabilidad académica. Aparentemente, entenderlas desde relatos como los de Platón, Descartes, Ortega… parece dar a entender una pobreza categorial en la reflexión actual, pero no es así. Cada una de las categorías con las que habitualmente se trabaja en la reflexión sobre las nuevas tecnologías, especialmente en el área de estética, se apoyan en una tradición potente y suficientemente constrastada. Cierto es que determinados ejemplos pragmáticos no se pueden entender si poner en juego determinadas categorías de reciente creación.
Fijémonos en las aparentemente nuevas corrientes de reflexión sobre este tema. Los estudios de hypermedia, es decir, todos aquellos que tienen que ver con la unión entre telecomunicaciones, medios de comunicación de masas y la computación, también recurren a categorías básicas, e incluso a determinados movimientos políticos que se aplican, esta vez, a la nueva era digital:

«Un espectro está cazando la red. El fantasma del comunismo. Cualesquiera que sean las creencias políticas que profese, cada usuario sueña con una trascendencia digital del capitalismo. Incluso, a la vez, los más dedicados izquierdistas no pueden seguir creyendo realmente en el comunismo. Los horrores del totalitarismo han desacreditado sus promesas de emancipación social. Midiendo esta oportunidad, los profetas del Neo-liberalismo americano yacen clamando al futuro. La adopción de las tecnologías de la información liderará la privatización y desregulación de toda actividad económica. Las libertades de la sociedad de la información serán creadas por una élite de empresarios, tecnócratas e ideólogos.»

BARBROOK Y LOS ARTESANOS DIGITALES

La lectura de Richard Barbrook a propósito de la liberalización social de las nuevas tecnologías merece un tratamiento un poco más minucioso, por lo reciente que significa, a propósito del arte y las nuevas tecnologías. El manifiesto cibercomunista asemeja el ámbito social de la sociedad actual con la situación de la época de Stalin al frente de la URSS.

«A finales de los 90, los profetas del neoliberalismo medían nuestro progreso hacia la utopía a través del incremento de propiedad de artefactos digitales: ordenadores personales, conexiones a la red, teléfonos móviles y portátiles. Irónicamente, este futurismo de matiz derechista recuerda a las preconcepciones del comunismo estalinista. En la formada Unión Soviética, una alumbrada minoría lideraba a las masas hacia su propia emancipación. Cualquier sufrimiento causado por la introducción de las nuevas tecnologías se justifica por la promesa de la futura liberación […]»

A partir de una exposición de esta situación, comienza a elaborar una lista de semejanzas con el pensamiento y la actitud reinante en la actualidad para llegar a conclusiones muy reveladoras. En este manifiesto critica duramente el intento de crear un espacio comercial más en el ciberespacio creado, sin tener en cuenta el origen de la Red. Para Barbrook, Internet nació, en primer lugar con el propósito de transmitir información útil de forma rápida y eficiente. A la vez, para conseguir este objetivo, se necesitaba el propio intercambio de datos y una promesa de uso abierto y libre.
Esta economía del regalo tecnológico es la que mueve, amplía y desarrolla la red, porque cada usuario, al entrar, está admitiendo estas reglas del juego. Por ello, ni tan siquiera las empresas más importantes, con mayor poder económico son capaces de mercantilizar y controlar los modos de intercambio de información gratuitos que van desarrollando las posibilidades de la web.
Gracias a Internet se está prestigiando el trabajo en grupo en detrimento del genio aislado, que trabaja sólo y no precisa de las mentes de los demás. Así, de este modo, la propiedad intelectual se reparte entre todos los individuos de la sociedad-red, se disfruta y se desarrolla y mejora a un ritmo hasta ahora inusitado. En el arte tenemos numerosos ejemplos de creación colectiva, sobre todo desde la rama del Net-Art. All this becomes possible only with the emergence of the Net.
«Ahora, con el ciberespacio, el intercambio de artículos se ha intensificado y prevenido por la circulación de regalos. La modernidad debe sintetizarse con la hipermodernidad. Lejos de necesitar un liderato de una élite, la gente normal puede construir con éxito su propio futuro digital. En la era de Internet, el cibercomunismo es una experiencia mundana del día a día».

Otro tipo de manifiesto que también destaca por su crítica al componente social de las nuevas tecnologías es el de los “artesanos digitales”. Es un manifiesto optimista y movilizador, alejado de las connotaciones peyorativas de las nuevas tecnologías:

«3. La emergencia de la Red no significa el triunfo de la alienación económica ni el reemplazo de la humanidad por las máquinas. Por contrario, la revolución de la información es la última etapa en el proyecto emancipatorio de la modernidad. La historia no es otra cosa que el desarrollo de la libertad humana».

El mismo manifiesto reconoce que el uso de la nueva realidad digital estaba concebida como un nuevo uso de control social, pero que gracias al esfuerzo de lo que ellos denominan “artesanos digitales”, se convierte en tecnología para la liberación. El artesano digital se convierte escapando de los insignificantes controles del taller y la oficina, y de esta manera pueden redescubrir la independencia individual disfrutada por los artesanos de la proto-industrialización. El artesano digital trabaja por necesidad económica pero también por placer individual. Así de este modo, y otra vez recurriendo a conceptos ya clásicos, no se aliena.
Al mismo modo que aquellos artesanos anteriores a la industrialización, los artesanos digitales crean la Red Europea de Artesanos Digitales (EDAN), una especie de gremio al mismo estilo. De nuevo, las tradicionales categorías históricas se utilizan para abordar nuevos casos.

«Para mucha gente, la autonomía en sus vidas laborales ha supuesto aceptar la inseguridad de contratos basura y el recorte de seguros de bienestar. Sólo podemos mitigar estos problemas a través de nuestra acción colectiva. Como artesanos digitales, necesitamos caminar juntos para promover nuestros intereses comunes».

Defienden la democratización de la Red, poniendo de manifiesto un nuevo tipo de exclusión social, de desigualdad por culpa del costo de acceso a internet, a la vez, tambié promueven la inversión pública en redes de mayor capacidad, más rápidas y con un uso más simétrico:

«Creemos en el principio de un servicio universal. Acceso a la Red de la forma más barata posible. Ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente democrática hasta que todos sus ciudadanos puedan ejercer el derecho de libertad de información en la Red».

Ambos manifiestos, así como otros escritos del mismo Barbrook entre otros, son una crítica no velada a lo que se denomina Ideología Californiana. Esta corriente intelectual es un intento por explicar los nuevos mecanismos del hipermedia. Como apunta Barbrook, this faith has emerged from a bizarre fusion of the cultural bohemianism of San Francisco with the high-tech industries of Silicon Valley. La Ideología Californiana, presente en revistas, libros, programas de televisión, páginas web, conferencias… combina promiscuamente el espíritu hippie y el sello empresarial de los yuppies. Una conjunción de opuestos conseguida a través de una fe en el potencial emancipador de las nuevas TIC. En este tipo de utopía digital todos podemos ser ricos y en la onda. A la vez, pretenden la creación de una nueva democracia Jeffersoniana donde todos se pueden expresar con libertad.
El triunfo de esta ideología parece residir en la ausencia de una oposición demasiado fuerte en ninguna de las costas, ni en California ni en Europa. Sin embargo, su visión utópica de las nuevas tecnologías depende de una ceguera con respecto a otros aspectos –mucho menos positivos– de la Costa Oeste: racismo, pobreza y degradación medioambiental. Irónicamente, en un pasado no demasiado lejano, los intelectuales u los artistas de Bay Area estaban apasionadamente preocupados por estos problemas.
El problema de la Ideología Californiana es que pretende aglomerar dos extremos completamente opuestos: la contracultura y el sistema. Ahora no hay barricadas porque todos están en el mismo lado. Por ello conviene realizar un análisis lento para no caer en determinadas disciplinas de mercado que nos obliguen, como decían los artesanos digitales, a comulgar con los deseos de otros y perder la capacidad de construir un nuevo futuro a nuestra medida. Es por eso por lo que merece la pena discutir sobre las nuevas tecnologías.

BIBLIOGRAFÍA

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BARBROOK, R. (2005): «Cyber-communist manifesto», The Hypermedia Research Centre (www.hrc.wmin.ac.uk)
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HUXLEY, A. (1932): Brave New World, Harper Collins, Nueva York
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NOTARIO, A (2006): Contrapuntos estéticos, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca
ORTEGA Y GASSET, J. (1939): Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Revista de Occidente-Alianza editorial, Madrid
ORWELL, G. (1961): 1984. Penguin books, Nueva York
SHELLEY, M. W. (1818): Frankenstein or the modern Prometheus, University Press, Oxford
VV.AA. «Digital Artisans Manifesto», The Hypermedia Research Centre (www.hrc.wmin.ac.uk)
VITA-MORE N. (1997): Extropic Art Manifesto of Transhumanist Arts
ZAMIATIN, Y. (1922): Nosotros, Eclipse editorial, Madrid (Edición no venal)

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