La nueva filosofía, la única filosofía positiva, es la negación de toda filosofía de escuela, y, pese a contener en sí misma la verdad de la misma, es la negación de la filosofía como cualidad abstracta, especial, es decir, escolástica; ella no tiene ni contraseña ni lenguaje especial; ni nombre especial, ni principio especial; ella es el mismo hombre pensante: el hombre que es y se sabe la esencia autoconsciente de la naturaleza, la esencia de la historia, la esencia de los Estados, la esencia de la religión; el hombre que es y se sabe como la identidad real (no imaginaria), absoluta, de todos los principios y contradicciones, de todas las cualidades activas y pasivas, espirituales y sensibles, políticas y sociales; el hombre que se sabe como el ser panteísta, que los filósofos especulativos o, mejor dicho, los teólogos separaban del hombre, objetivándolo como un ser abstracto, no es sino su propia esencia, indeterminada, mas susceptible de infinitas determinaciones.

La nueva filosofía es la negación tanto del racionalismo cuanto del misticismo; tanto del panteísmo cuanto del personalismo; tanto del ateísmo cuanto del teísmo; ella es la unidad de todas estas verdades antitéticas, en tanto que verdad absolutamente independiente y transparente.

La filosofía tiene que unirse nuevamente con las ciencias naturales y las ciencias naturales con la filosofía. Esta unión fundada en una necesidad (Bedürfnis) mutua, en una necesidad (Notwendigkeit) interna, será más duradera, más afortunada y fecunda que el maridaje que hasta ahora ha reinado entre la filosofía y la teología.

Fuente: FEUERBACH, Ludwig. Tesis provisionales para la reforma de la filosofía. Barcelona: Folio, 2002. 125 págs. Biblioteca de Filosofía. ISBN 84-413-1824-7.

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