¡Ah!, por encima de todo, quisiera el martirio. ¡El martirio!, ése es el sueño de mi juventud; y ese sueño ha crecido conmigo en mi pequeña celda del Carmelo. Pero eso es otra locura, porque yo no deseo un solo tipo de suplicio: para satisfacerme, los necesitaría todos…
–Teresa de Lisieux, 1873-1897
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No, ya no sé nada, ya no sé más que amar.
–Marthe Robin, 1902-1981
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¿Por qué en cuanto un ser humano manifiesta que tiene poca o mucha necesidad de otro, éste se aleja? Pesantez. […] Sólo poseemos aquello a lo que renunciamos. Aquello a lo que no renunciamos se nos escapa. […]
Nada de lo que existe es absolutamente digno de amor.
[…] La atención extrema es lo que constituye en el hombre la facultad creadora, y no hay más atención extrema que la religiosa. La atención absolutamente sin mezcla es oración.
–Simone Weil, 1909-1943
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El entendimiento natural, puesto que no es apto para percibir la luz divina, debe –mediante la contemplación– ser conducido a la oscuridad.
–Edith Stein, 1891-1942
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Qué maravilloso y admirable intercambio: dejar los bienes de la tierra por los de la eternidad…
–Clara de Asís, 1194-1253
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Aniquilarse en el Amor es lo más elevado que conozco.
–Hadewijch de Amberes, hacia 1240
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Sí, en verdad, me parece que los demonios juegan a la pelota con mi alma…
–Teresa de Ávila, 1515-1582

Fuente: Mujeres Místicas, José J. de Olañeta, Editor, Barcelona, 1996. Antología preparada y presentada por Thierry Gosset.

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