EL PARAÍSO Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

Siete años esperándolo. Dos mil quinientos cincuenta y cinco amaneceres ahorrando cada Kwanza que conseguía arrebatándole a la Tierra esas minúsculas piedras.
El agua está inquieta.
Algún día tuve la intención de tragarme alguna. Quizá no se enterarían pero su cara y sus armas me daban mucho miedo. Allí todo el mundo tiene armas. Aún recuerdo su olor, tengo ganas de verla. Ojalá encuentre ese trabajo pronto y pueda traérmela conmigo al paraíso. Estoy harto de guerra. Ella no lo merece.
El ruido del motor me despierta del sueño.
Apenas tengo agua.
Hace demasiado calor. Algunos de mis compañeros han enloquecido. Otros yacen moribundos a los lados. A otros los abandonamos hace ya unos días. Tengo ganas de llegar. Aquí nadie habla. Muchos tienen ya la lengua hinchada y negra. Les es imposible hacerlo. Otros como yo, aún podemos llorar acordándonos de los nuestros.
Tengo ganas de trabajar. Quiero que mis hijos tengan algo que llevarse a la boca. No quiero que les mate la guerra.
El motor se para.
Primero hace un ruido raro. Después empieza a oler como si estuviera quemado. Después nada. Está parado.
Estamos en medio de la nada. Sólo agua y más agua al rededor. Nos miramos anonadados. Aquél hombre de la playa nos dijo que llegaríamos sin problemas.
No puedo olvidarme del abrazo de mi esposa. Quiero volver a sentirte. Deseo volver a ver los atardeceres del okabango. Minha menina…
Aún recuerdo tu cara la primera vez que te vi. Desde aquel momento empecé a ahorrar. Quería que pudieras vivir bien. En un lugar donde no existen los problemas. Allí donde todo el mundo es feliz. Quiero que conozcas aquello que vimos en la televisión satélite de chefe.
El motor parece no volver a encenderse.
Hace ya casi tres meses que no te veo. Pero quiero que la próxima vez que lo hagas sea con orgullo, por haberte traído o primeiro mundo . O mundo que merecem teus olhos. Llega la noche. Hace frío. La humedad llega hasta los huesos. Te hecho de menos. Me gustaría estar abrazado a ti. No me gusta el mar. Este olor a salitre empieza a marearme. Llevo demasiado tiempo en este barcucho. Somos demasiados. No sé nadar.
El mar empieza a picarse.
Tengo miedo. El bote está zozobrando. Somos demasiados y tenemos poca estabilidad. Joao cae al agua. No tengo fuerzas para ayudarlo. El agua ahoga sus gritos. Las mujeres, algunas embarazadas, lloran desconsoladamente.
El paraíso se aleja. Más de 40 personas nos estamos jugando la vida por llegar. Ojalá merezca la pena. Seguro que sí. Al fin y al cabo somos personas.
Se acerca una ola.
El tiempo pasa despacio. El pavor se refleja en nuestras caras. Me acuerdo de ti. Miro al cielo pidiendo que seas feliz.
La ola golpea la popa. El impacto tumba el barco. Vamos a caer.
El agua está fría. Tengo entumecidos los músculos y la deshidratación me ha arrebatado las últimas fuerzas que me quedan.
Lo siento, mi vida.

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DIWÁN

Por GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

Llévame, Kadidja, hasta la mezquita de Beyshehir
Para que allí contemple las alfombras árabes
Adornadas con bella letra cúfica
De cuyo esplendor
Escribiera Marco Polo.
Enséñame el manuscrito de los Antidota
–Traducción mora de Galeno–
Donde la garza y el cangrejo
Componen un cuadro delicado y sutil.
Trasládame a Bagdad
Influida por Grecia
Bendecida de Alá
La estimada selyúcida
Antes de que, como decía Khayyam,
Las tijeras de la Parca
Corten nuestro aliento
Y nuestro cuerpo
Como una jaima
Lo desmonte el destino.
Sé, Kadidja, cicerone en Sevilla
Y muéstrame la mezquita
Del almohade Yaqub.
Quiero ir a Isfahán
Capital de la pintura
Para ver los bocetos de Shabi Abbasi
Y las damas en picnic
Pintadas por Khosrau.
Indícame, Kadidja, qué escribían los poetas
En los jardines de Kashmir
Meditando
En las interminables
–Como tus párpados–
Noches de verano.

POESÍA Por IVÁN ROJAS GARACHANA

A Ovidio

Qué hacer yo
con las manos
si tocarte como hace poco
o mecerte
con todos los recuerdos que me vengan de ti
con todos.
Si acercarme a ti
tiritando y siendo denso
o cortarme esas manos
por los puños
para no volver jamás a mirarte
que le parece pecado a mi alma
intervenir en lo que admira
tanto.
Qué hacer con mis manos,
si enterrarlas bajo la arena
y marcharme ya a la luna
o pasar la noche entre ellas
y hacerme habitante
del corazón
qué sé yo si llevarme
un pájaro a la frente
ahora que me voy
y encenderme de nuevo
en los cantos de la borrica
quedarme con el duende
en la boca
no decirlo ni aterirlo al papel
sino andar
como homenaje a las piernas
andar
como un nuevo lenguaje que baja
sin saber de la sutileza
pero sí del cariño
que te tengo
de las manos ajadas
y hermosas
que te dan los campos expandidos
y el olor de los vientos
en cría
el humano fragor que percibes
al escribir el poema
que debes escribir ahora
porque el cielo lo ha querido
para ti
y tú
amas el cielo.

TRASUNTO

MUERTE a la cobardía
el que quiera vivir que baje a la vida

sé que hoy te estás
rompiendo en pedazos
mientras escuchas
tu músika antigua
que antes
pondría
tu habitación alegre
y sé que te sientes
llamado a las puertas de un cielo
que no has
pedido
en el momento
en que te surkan
las lágrimas
el rostro
doblado.
recuerdas el dolor de
los años
que
sigue ahí
contigo
muchas preguntas
y tú el de siempre
suena neil
young
y tus gafas
están
empañadas
y tus manos
cansadas
de tokar la piel
muerta
sé que estás
produciendo un agujero
en tu crisálida
una vez una larga vez
te vi bailar
en la media
penumbra
aunke entonces como
ahora
estuviera a muchos
pasos de
distancia
de ti

pero te sentía.

JAIKU

el milagro de
san josé
es más fuerte
que el de su dios:
ladrillo
a
ladrillo.

EMILY DICKINSON
SENTÍ UN FUNERAL EN MI CEREBRO

Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente –

y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor –
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda –

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí –

y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí –
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces –

(Versión de Silvina Ocampo)

LA SORTIJA

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

(Versión de Eduardo Carranza)

ÉL ERA DÉBIL Y YO FUERTE

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

(Versión de L.S.)

MI VIDA SE DETUVO – UN ARMA CARGADA

Mi vida se había parado – un Arma Cargada –
en los Rincones – hasta que un día
el Dueño pasó – me identificó –
y me llevó lejos –

Y ahora vagamos por Bosques Soberanos –
y ahora cazamos a la Cierva –
y cada vez que hablo por él –
las Montañas contestan diligentes –

Y sonrío, tal luz cordial
sobre el resplandor del valle –
es como si una cara Vesuviana
hubiera dejado su voluntad a su paso –

Y cuando en la noche – acabado nuestro buen día –
guardo la cabeza de mi amo –
Es mejor que haber compartido
la profunda almohada de plumón –

De Su enemigo – soy enemigo mortal –
ninguno se agita por segunda vez –
en quién pongo un ojo amarillo –
o un pulgar enfático –

Aunque Yo así como él – podamos vivir largamente
él debe vivir más -que Yo-
porque yo tengo el poder de matar,
Sin -el poder de morir –

(Versión de Miguel Artime)

PODRÍA ESTAR MÁS SOLA

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

(Versión de L.S.)

POEMA 37

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.

Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

(Versión de L.S.)

PEQUEÑEZ

Es cosa tan pequeña nuestro llanto;
son tan pequeña cosa los suspiros…
Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morirnos.

(Versión de Carlos López Narváez)

SELECCIÓN

De las almas creadas
supe escoger la mía.
Cuando parta el espíritu
y se apague la vida,
y sean Hoy y Ayer
como fuego y ceniza,
y acabe de la carne
la tragedia mezquina,
y hacia la Altura vuelvan
todos la frente viva,
y se rasgue la bruma…
yo diré: Ved la chispa
y el luminoso átomo
que preferí a la arcilla.

(Versión de Carlos López Narváez)

NO ERA LA MUERTE, PUES YO ESTABA DE PIE…

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.

(Cf.: http://amediavoz.com/dickinson.htm).

POEMAS Por SANDRA MARTÍN GARCÍA

Camina…
Camina ya ventrílocuo
Barajaste entre cartas de vientre
Un mentir oblicuo
Las pestañas teñían las barbaries
Acicaladas tras el desplome
Hablabas, ventrílocuo
Desde tu alma en paralelo
Y yo me guiaba por tu mirar
Sotas…
Caballos de reyes
Putas de antaño…
Por el regalo entero y eterno
No me perdonaste el embuste
Silbabas, guiñabas, desfigurabas
Y desfigurada en tu juego
Recité un haiku
Una bendición
Un enjambre de guerras
Cosidas en los tutes
En los tutelares tuteos
Tanteos…
Y tres lenguas más tarde
Decidiste perder
Ventrílocuo
Con las copas.

………………………………………………………..

Fellini arrastraba un carromato de dioses
Y yo me perdía entre las metáforas
Tantas caídas estelares
Los cortes de edición me rendían
Abarcaba tres ojos
Abrazaba mil maldiciones
Enjuagues gástricos
Sodomía de imagen
Hasta un día perderme
Y querer ser cine.

………………………………………………………..

¡Mira!
No creo en los milagros
No creo, de veras
Creo en la masturbación
Creo en el eco
En el vacío
En la noche y el día
Creo en las concesiones
En las bulas
Tangibles
Palpables por tantas manos esclavas
Antaño creía en el rezo
En la misa
En la Iglesia
En la sesga política de Altazor
Creía en los comensales
En las formas
En Picasso y Dalí
En el pan de éste…
En el vino de aquél…
En Cristo
Imagen…
Y después semejanza

Y de vuelta me he quedado vacía.

REPORT ON HUMAN BEINGS Por MICHAEL GOLDMAN

You know about desks and noses,
proteins, mortgages, orchestras,
nationalities, contraceptives;
you have our ruins and records,
but they won’t tell you
what we were like.

We were distinguised
by our interest in scenery;
we could look at things for hours
without using or breaking them
and there was a touch of desperation not to be found
in any other animal,
in the looks of love we directed
at our children.

We were treacherous of course
like anything here—
winds, dogs, the sun—
we could turn against you unexpectedly,
we could let you down.
But what was remarkable about us
and which you will not believe
is that we alone,
with the exception of a few pets
who probably learned it from us,
when betrayed
were frequently surprised.

We were one of a million species
who continually cried out
or silently wept with pain.
I am proud that we alone resented
taking part in the chorus.

Yes, some of us
liked to cause pain.
Yes, most of us
sometimes
liked to cause pain,
but I am proud that most of us
were ashamed
afterward.

Our love of poetry would have amused you;
we were so proud of language
we thought we invented it
(and thus failed to notice
the speech of animals,
the birds’ repeated warnings,
the whispered intelligence
of mutant cells).

We didn’t invent boredom,
a fruitful state.
It hid the size of our desires.
We were spared many murders,
many religions
because we could say, “I am bored.”
A kind of clarity
came when we said it
and we could go to Paris or the movies,
give useful parties, master languages,
rather than sink our teeth in our lover’s throat
and shake till things felt right again.

Out of the same pulsing world
you know,
out of gases, whorls,
fronds, feelers, jellies,
we devised hard edges,
strings of infinite tension stretched
to guide us.
The mind’s pure snowflake
was our map.
Lines, angles, outlines
not to be found in rocks or seas
or living matter
or in the holes of space,
how strange these shapes must look to you,
at odds with everything,
uncanny, broken from the flow,
I think they must be for you
what we called art.

What was most wonderful about us
was our kindness,
but of this it is impossible to speak.
Only someone who knows our cruelty,
who knows the fears we always lived with,
fear of inside and outside, smooth and rough,
soft and hard, wet and dry, touch and no touch,
only someone who understands the great palace we built
on the axis of time
out of our fear and cruelty and called history,
only those who have lived in the anger
of a great modern city,
who saw the traffic in the morning
and the police at night
can know how heartbreaking
our kindness was.

Let me put it this way.
One of us said, “I think
our life is not as good
as the mind warrants”,
another, “It is hard
to be alone and alive at the same time.”
To understand these statements
you would have to be human.

Our destruction as a species
was accidental.
Characteristically
we blamed it on ourselves,
which neither the eagle
nor the dinosaur would do.

Look closely around you,
study your instruments,
scan the night sky.
We were alien.
Nothing in the universe
resembles us.

INFORME SOBRE LOS SERES HUMANOS
Traducción: MANUEL CATALINA

Ya sabes sobre escritorios, narices,
proteínas, hipotecas, orquestas,
nacionalidades, anticonceptivos;
tienes nuestras ruinas y registros,
pero ninguno te dirá
cómo éramos nosotros.

Se nos distinguía
por nuestro interés en el paisaje;
podíamos observar las cosas durante horas
sin usarlas ni romperlas—
y había un aire de desesperación que no se encuentra
en ningún otro animal,
en las miradas de amor que dirigíamos
a nuestros hijos.

Éramos traicioneros, por supuesto.
Como todos los demás aquí—
vientos, perros, el sol—
podíamos volvernos en contra inesperadamente,
podíamos decepcionar.
Pero lo más remarcable
y que no creerás
es que sólo nosotros,
exceptuando algunas mascotas
que probablemente lo aprendieron de nosotros,
cuando nos traicionábamos
a menudo nos sorprendíamos.

Éramos una entre un millón de especies
que gritaba continuamente
o lloraba su dolor en silencio.
Estoy orgulloso de que nos resistiésemos
a formar parte del coro.

Sí, a algunos de nosotros
nos gustaba causar dolor.
Sí, a la mayoría de nosotros
de vez en cuando
nos gustaba causar dolor,
pero estoy orgulloso de que la mayoría de nosotros
se avergonzase
después.

Nuestro amor por la poesía te hubiese divertido;
estábamos tan orgullosos del lenguaje
que creíamos haberlo inventado
(y de esa manera pasamos por alto
el discurso de los animales,
las advertencias repetidas de las aves,
la rumorosa inteligencia
de las células mutantes).

Nosotros inventamos el aburrimiento,
un estado provechoso.
Ocultaba el tamaño de nuestros deseos.
Nos ahorramos muchos asesinatos,
muchas religiones
porque decíamos, “estoy aburrido”.
Una cierta claridad
nos invadía cuando lo decíamos
y podíamos ir a París o al cine,
dar útiles fiestas, dominar idiomas,
en lugar de hundir nuestros dientes en la garganta de nuestros amantes
y temblar hasta que todo volviese a la normalidad.

De este mismo mundo vivo
que tú conoces,
de gases, espirales,
hojas, antenas, caramelos,
concebimos rígidos límites,
cuerdas estiradas con tensión infinita
para guiarnos.
El puro copo de nieve de la mente
fue nuestro mapa.
Líneas, ángulos, perfiles
que no se encontraban en rocas o mares
o en la materia viva
o en los agujeros del espacio,
qué extrañas deben parecerte estas formas,
reñidas con todo,
misteriosas, apartadas del devenir,
creo que para ti deben de ser
lo que nosotros llamábamos arte.

Lo más maravilloso de nosotros
fue nuestra bondad,
pero es inútil hablar sobre esto.
Sólo alguien que conoce nuestra crueldad,
que conoce los miedos con los que convivimos,
miedo al interior y al exterior, suave y áspero,
blando y duro, húmedo y seco, manoseado o sin manosear,
sólo alguien que entiende el gran palacio que construimos
en los ejes del tiempo
con nuestro miedo y crueldad y llamamos historia,
sólo aquellos que han convivido con la ira
de una gran ciudad moderna,
que vieron el tráfico por la mañana
y a la policía por la noche
pueden saber lo descorazonadora
que fue nuestra bondad.

Deja que lo diga de otra forma.
Uno de nosotros dijo, “Creo
que nuestra vida no es tan buena
como garantiza el pensamiento”,
otro, “Es difícil
estar solo y vivir al mismo tiempo.”
Para comprender estas expresiones
tendrías que haber sido humano.

La destrucción de nuestra especie
fue accidental.
Característicamente
nos culpamos por ello,
algo que ni el águila
ni el dinosaurio harían.

Observa detenidamente a tu alrededor,
estudia tus instrumentos,
escudriña el cielo nocturno.
Nosotros éramos extraños.
nada en el universo
se nos parece.


Poema seleccionado por Manuel Catalina de la obra: The best American Poetry 2003.
“Report on Human Beings”, de Michael Goldman, apareció originalmente en el número 57 de la revista Ontario Review.

ENTREVISTA A JUAN ANTONIO CEBRIÁN Por GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

–Señor Cebrián: su labor como buen conocedor y divulgador de la Historia es ya innegablemente reconocida, y la prueba es que ha escrito al menos una decena de libros de contenido histórico. ¿Hay una figura de la tradición en la cual se reconozca usted de manera particular?

Son muchos los personajes admirados por mí y, de alguna manera, siempre tiendes a verte reflejado en ellos al menos en sus cualidades.
Como divulgador histórico intento ser objetivo a la hora de retratar estas personalidades fascinantes. Es imposible, por tanto, que me pueda quedar con alguno, aunque los héroes anónimos son, posiblemente, los que más me interesen.

–Y a propósito de su libro Mis favoritos (La Esfera de los Libros): ¿puede decirnos cuáles son esos personajes que tiene como preferidos y por qué?

Acaso los que en algún momento de su existencia recibieron la inspiración necesaria para cambiar el mundo que les tocó vivir. Desde Sócrates a Dian Fosey, pasando por Espartaco, Alarico, William Wallace, Poe o Madame Curie… Todos ellos son para mí grandes iconos de la civilización y representan lo mejor de nuestra peripecia por el planeta.

–El también escritor y periodista norteamericano Ambrose Bierce definió la Historia, en su obra Diccionario del diablo, como “relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios”.
¿Cree que la crónica histórica, en su tradición más ortodoxa, coincide –al menos en parte– con esta descripción burlesca de Bierce?

Sin duda alguna Bierce caminaba por senderos de certidumbre constatada. Aunque la propia biografía de este autor norteamericano esté ensombrecida por determinados acontecimientos que consiguieron amargar su visión clara de las cosas. No creo que todo lo que expuso en esa frase fuese del todo así, ya que existen capítulos muy honorables que dignifican la raza humana en su amplia dimensión.

–¿Qué recuerdos guarda de la situación histórica de España durante su juventud en Albacete?

Muy pocos, la verdad, pues me fui de Albacete con escasos años de edad, para luego pasar tan sólo algunos veranos en la ciudad donde, eso sí, contraje sentimientos imborrables que aún hoy sigo recordando con absoluta emoción e inocencia propia de la juventud. En todo caso, Albacete era entonces un lugar cuajado de esos tintes manchegos tan importantes para mí y, a buen seguro, que dichas sensaciones condicionaron mi vida posterior.

–¿Cómo definiría usted el poder (en especial el político)?

En el núcleo de la sociedad que nos hemos dado a lo largo de los últimos siglos, el poder sigue siendo ese monstruo oscuro lleno de aberraciones y corruptelas. Al menos esa es la imagen proyectada sobre nosotros y confirmada por desgracia por una miríada de casos detestables. No obstante, los políticos que nos representan tienen la obligación de ser en “las formas” honestos con la ciudadanía a la que presuntamente defienden y, en el caso español, dada nuestra posición en el concierto internacional, los últimos treinta años no fueron del todo malos. Hoy por suerte, en nuestro país, las condiciones en las que vivimos son, seguramente, mejorables, pero la cultura occidental por la que transitamos es lo más razonable que los humanos han podido conseguir hasta la fecha. Por tanto, no estoy del todo descontento con nuestra clase política, aunque sucesos vergonzosos los encontraremos siempre.

–¿Padecemos la historia, como una suerte de nostalgia del paraíso perdido, como una fatalidad, o existe un ansia de utopía en nosotros que da sentido a la historia y que, pese a todo, nos redime de sus anatemas?

Por supuesto, a medida que los siglos se alejan de nuestro acontecer cotidiano, la posibilidad de una utopía en relación al pasado se concreta con más firmeza. Lo cierto es que el paso del tiempo elimina, paradójicamente, las sensaciones nefastas para ensalzar las grandes gestas y logros que se obtuvieron en centurias pretéritas. De Napoleón Bonaparte la gente se acuerda de la grandeza efímera que este corso otorgó a Francia, olvidándose que su megalomanía provocó millones de muertos en pocos años. Espero que esto no ocurra con otros personajes como Hitler o Stalin.

–¿De dónde cree usted que proviene la necesidad del hombre de dar sentido a las cosas?

De nuestro afán por trascender más allá de lo carnal. La biología nos asigna unos ochenta años de estancia en la Tierra. Si no hubiese nada más que eso, de nada serviría empeñarnos en grandes proyectos o epopeyas para mejora del colectivo. En ese sentido necesitamos pensar que hay algo más en un plano superior y desconocido que dé ánimo a nuestro que- hacer en el planeta.

–¿Cuál es su visión en torno al “choque de civilizaciones” que diariamente aparece reflejado en todos los medios de comunicación, y como consecuencia del cual sufrimos diversos fanatismos así como el pánico terrorista?

Pues, sencillamente, que semejante choque no existe. Tengamos en cuenta que tras la caída del Telón de Acero las potencias occidentales se quedaron sin enemigos tangibles a la vista y fue entonces cuando desenterraron el viejo fantasma del odio entre religiones. No es posible una confrontación a causa de la religión en nuestros días, por mas que se empeñen unos y otros. Jamás este mundo quedará dividido por el mismo Dios. En cuanto al asunto terrorista, si repasamos la historia comprobaremos que este tipo de lances agresivos siempre se dieron movidos por intereses fanáticos o económicos, si bien, en el siglo XVI a los “terroristas” se les llamaba corsarios o piratas. Nuestra civilización sufre estas inclemencias desde sus orígenes, y pretender ahora regresar al tiempo de las Cruzadas, se me antoja propio de ignorantes.

–Para usted, ¿qué significa escribir?

Poder trasladar a los lectores una parte de mi universo personal y que podamos compartir juntos experiencias mientras disfrutamos con la evocación de hechos añejos. Es, en definitiva, una parte imprescindible de mi ser que trato de mejorar en cada obra literaria que propongo a los amigos que me leen.

–Cambiando otra vez de tema. ¿Cree en Dios? ¿Cómo ve el “porvenir de Dios”?¿Posee un sentimiento religioso (en su sentido más amplio) de la existencia?

Sí que tengo, desde luego, determinadas sensaciones que bien se pudieran tildar como religiosas. Los humanos hemos convenido llamar a esa presunta tutela sobrenatural con diferentes nombres que, en mi opinión, se pueden aglutinar en uno solo. En líneas anteriores lo esbocé. Si no hay trascendentalidad el sentido de la vida pierde consistencia. Ni siquiera los científicos se escapan a esa intuición, pues, no en vano, cuando se les acaban las preguntas siempre les queda Dios como mejor respuesta a sus inquietudes.

–Permítanos una cuestión que planteamos a todos los entrevistados: ¿Qué es para usted la muerte y cómo la enfrenta? ¿Cree que es provechoso para el ser humano pensar en la muerte, sin que ello suponga necesariamente un impedimento psicológico o existencial que le lleve a adoptar una actitud pasiva y dolorosa frente a la vida?

La muerte es una estación de paso hacia otras situaciones aún ignotas para nosotros. Morir es la consecuencia de la vida y de nosotros depende que cuando lleguemos a ese momento lo dejado atrás sea lo suficientemente relevante como para dignificar la memoria que leguemos a nuestros sucesores. En todo caso, la inevitable desaparición física no debe condicionar, en absoluto, la actuación que tengamos en la vida terrena.

–Usted dice ser un escéptico y, sin embargo, el programa de radio que dirige, La Rosa de los Vientos (Onda Cero Radio), se ocupa a menudo de asuntos misteriosos y de difícil explicación; claro que tratados siempre con rigor y sensatez. Nos gustaría saber, en concreto, qué opina de las psicofonías, y si cree que estamos cerca de averiguar qué las origina.

Sobre este asunto lo que conocemos con certeza es el efecto, pero no la causa. A lo largo de mis veinte años como profesional de la comunicación he tenido múltiples experiencias parafónicas, incluso en mis programas donde se han recogido algunas inclusiones célebres. Pienso, sinceramente, que este fenómeno paranormal es de los más inquietantes de todo el espectro mistérico, y muchos investigadores de reconocido prestigio han dedicado sus vidas a la resolución de un enigma que aún hoy sigue sin tener una explicación clara.

–Hablando de la radio y de información. ¿Es la información un poder de integración en este mundo global, o más bien se ha convertido en práctica de dominación y de segregación sociopolítica? ¿Cuál es entonces el reto que han de afrontar los medios de comunicación para no incurrir en el monopolio y el modo deficiente de información en que de ordinario incurren?

Una de las frases más utilizadas hoy en día es aquella de: “el medio es el mensaje”. Yo no estoy del todo de acuerdo con esa máxima periodística y pienso que la clave del asunto se encierra en cada uno de los comunicadores que, a través de los diferentes soportes sonoros, visuales y escritos se dirigen a las personas que precisan información. De los profesionales depende, al fin, la sensación transmitida y captada por el receptor, por eso necesitamos que la sociedad esté cada vez más al tanto de lo que ocurre y con un bagaje cultural suficiente para poder interpretar cuál es el verdadero estado de las cosas.

–Parece un destino lamentable del mundo actual el que estemos inmersos en continuas crisis ecológicas, ¿verdad? ¿Cree que vamos a ser capaces de conciliar la civilización con la naturaleza?

El ser humano es depredador por naturaleza y esa condición inserta en nuestra genética nunca conseguiremos erradicarla. Es por ello que precisamos mucha concienciación sobre lo que realmente supone para nosotros vivir en armonía con este planeta Azul y Verde que tan generosamente nos acoge. Ojalá que no terminemos por ser, como algunos dicen, una plaga terrible y destructora sobre la faz de Gaia. La posible solución para evitar esto es, como ya he dicho, impregnar de cultura ecológica a las nuevas generaciones. De ellos dependerá un gozoso futuro, nosotros por desgracia no hemos estado a la altura.

–A propósito del interesantísimo tema de la conquista de América: ¿Es verdad que Colón no fue el primero en llegar, sino que antes llegaron navegantes chinos? También nos gustaría saber cómo ve usted el asunto de la responsabilidad ética de los españoles en la conquista; y, considerando que la política colonial de entonces fue en verdad muy siniestra, ¿piensa que se trata de la invasión histórica española más infausta?

Como es lógico, todo es matizable. En cuanto a lo de Colón, por supuesto que este ilustre marino no fue el primero en llegar a América, antes lo hicieron otros como vikingos, chinos… Ocurre que el genovés fue quien encabezó la expedición oficial dando continuidad al hallazgo con una posterior exploración y colonización del Nuevo Mundo. En lo que respecta a los capítulos de política colonial y responsabilidad ética, nuestra presencia en América no fue tan dañina como algunos aventuran. España aportó idioma, religión, mestizaje y sobre todo sentido de civilización, tal y como hicieron con nosotros los romanos que ocuparon Hispania. Y se me antoja que no lo hicimos del todo mal, siempre que tengamos en cuenta que en aquellos siglos otras potencias, verbigracia ingleses, franceses, holandeses, portugueses… practicaron una expansión imperialista sin ningún miramiento hacia las poblaciones autóctonas. Sólo basta con mirar la situación de los nativos norteamericanos o de los africanos actuales. En América desde Méjico a la Patagonia la situación hoy en día no es tan terrible comparada con los casos anteriormente expuestos. En lo que concierne a España, desde el primer momento que pusimos pie en el nuevo continente, la corona española mostró un interés más que real por la situación indígena, con personajes destacados como fray Bartolomé de Las Casas, quien consiguió en 1542 la promulgación de las Leyes Nuevas que protegían a los indios, con lo que este insigne sevillano se convirtió en claro precursor de los derechos humanos. Eso no quita para que admitamos, sin ambages, que se dieron situaciones especialmente dolorosas en las que los indios, bajo jurisdicción española, fueron cruelmente tratados.

–Y ya que nos referimos a cuestiones siniestras, y puesto que ha dedicado usted un libro a Gilles de Rais, El Mariscal de las Tinieblas, la verdadera historia de Barba Azul (Temas de Hoy), ¿puede decirnos quién fue este mariscal y por qué asesinó, según las crónicas, a ciento cuarenta niños…?

Fue sin duda uno de los personajes más anómalos de toda la historia francesa y aun universal. Su psicopatía no encuentra parangón entre los más terribles asesinos en serie, con la muerte por su mano de decenas de niños, los cuales murieron de forma despiadada en un contexto cubierto por la Guerra de los Cien Años, las hambrunas y las epidemias. El barón de Rais fue una de las mayores fortunas del país galo y, paradójicamente, alcanzó la condición de Mariscal y héroe de los franceses combatiendo como escolta y protector de Juana de Arco, la doncella de Orleans que salvó a Francia de un oscuro destino a manos de los invasores ingleses. Su historia es la más terrible a la que yo me pude enfrentar jamás, y lo que escribí en mi libro tras cinco años de investigación sólo refleja una parte de las atrocidades cometidas por este personaje ignominioso.

–Pasajes del terror, psicokillers, asesinos sin alma (Ediciones Nowtilus) es otro título de su ya dilatada producción literaria. ¿De dónde proviene el interés por estos personajes “malditos”?

Este libro en concreto me lo pidió mi querido Fernando Jiménez del Oso para su colección La Puerta del misterio. A él le cupo el mérito de su publicación, pues yo, hasta entonces, no había mostrado ningún interés por reflejar en papel mis narraciones radiofónicas sobre estos psicópatas asesinos. Aunque la difusión de estos relatos tuvo tanta repercusión entre los oyentes, que, finalmente, animado por mi amigo, me decidí a iniciar la empresa. En todo caso, el comportamiento de los psicópatas siempre captó mi atención, y, de hecho, de mis once libros publicados hasta ahora, dos pertenecen a este peculiar género. Reconozco que investigando para psicokillers y el Mariscal de las Tinieblas he aprendido mucho sobre la condición humana.

–¿Qué fraude histórico le parece el más desatinado?

Como es lógico, existen numerosos fraudes históricos dignos de ocupar lugar en la galería de la infamia. Pero seguramente yo me quede con la cronología histórica aceptada e impuesta por la ortodoxia militante. Me refiero a la mala datación sobre nuestros orígenes. Todavía hoy ni siquiera nos ponemos de acuerdo en la fecha de nuestra aparición en la Tierra, ni cuándo se levantaron las grandes construcciones megalíticas y a qué fines concretos servían. En este siglo XXI aún restas innumerables enigmas históricos por desvelarse.

–Una pregunta un poco más rumorosa. Quienes escribimos estas preguntas somos asiduos oyentes de La Rosa de los Vientos; y por eso le pedimos que nos diga cómo conoció y por qué eligió a sus colaboradores radiofónicos Bruno Cardeñosa, Carlos Canales y Jesús Callejo, y que nos dé uno o dos rasgos del carácter de los mismos, de cómo son a micrófono cerrado, aunque para quienes escuchamos el programa nos sean familiares.

Tras muchos años de trabajo en las ondas la vida me ha puesto en contacto con personas sumamente interesantes. Todos los colaboradores que participan en la Rosa están en ella por causas muy determinadas en las que los dioses tienen mucho que ver. La combatividad de Bruno, la erudición desmedida de Canales o la sensatez de Callejo encajan a la perfección en los planteamientos que propone la tertulia del programa. A estos añado la brillantez de Fernando Rueda, la veteranía de José Manuel Escribano, el ímpetu de Juan Ignacio Cuesta, la cordura elocuente de Javier Sierra o la juventud ilusionante de Raúl Shogun o Martín Expósito, si bien nada sería posible sin la conducción que de todos nosotros hace la maravillosa Silvia Casasola, un auténtico prodigio del buen hacer humano y profesional. En definitiva, mis programas han alcanzado el respeto y prestigio que hoy tienen gracias a las gentes que durante tantos años habitaron nuestro sugerente universo de comunicación.

–Usted es buen lector y no en vano ha dicho que leer es “el último reducto para la libertad”? Ahora ya sabemos cuáles son sus personajes históricos favoritos, pero ¿tiene algún pensador o filósofo preferido? ¿Por qué lo es?

Mi filósofo predilecto es, claro está, el sin par Sócrates. Un hombre capaz de poner en solfa la realidad que le rodeaba sólo con preguntas que provocaban impactos demoledores en la sociedad que le escuchaba. Después de él pocos estuvieron a su altura, aunque ejemplos no faltaron capaces de levantar las faldas a cualquier disciplina académica por rancia que esta fuera.

–Por cierto, ¿cree que existe vida en algún otro lugar del Universo?

Desde luego, y el que crea que estamos solos en el cosmos tiene una visión muy reducida de las cosas. Otro asunto es que nos visiten extraterrestres; un debate sobre el que albergo razonables dudas.

–Jesús de Nazaret es sin duda un personaje recurrente en La Rosa de los Vientos. No en vano es el personaje con mayor repercusión en la historia de los últimos veinte siglos. Sin embargo, como dice Juan Arias, apenas sabemos de él si existió… ¿Cree usted en su existencia histórica, o piensa que es fruto de un mito?

Existen testimonios más que fidedignos sobre la existencia del Nazareno en la Tierra. Yo no tengo ninguna razón para pensar lo contrario a tenor de la amplia documentación que los exegetas han escrutado durante siglos. Ahora bien, de lo que no estoy tan convencido es de la historia oficial que la iglesia cristiana nos ha trasladado sobre su figura. Y, en ese sentido, debemos seguir analizando cada dato, cada detalle, pues, no en vano, el galileo cambió nuestra forma de entender la existencia.

–Es claro que usted tiene un conocimiento profundo de los romanos y de su época (La aventura de los romanos en Hispania [La Esfera de los Libros] lo atestigua). ¿Por qué razón triunfó el Cristianismo ya en los primeros siglos de nuestra Era, y por qué se convirtió al fin en una religión tan masculinizada y ávida de poder, y seguramente tan desleal al espíritu de sus inicios?

Todo comenzó tras el concilio de Nicea a principios del siglo IV d.C. Un acto promovido por el emperador romano Constantino y su madre Santa Elena, los cuales se convirtieron en promotores de esta religión muy bien aceptada por los romanos, dado que, para entonces, se encontraban inmersos en profundas crisis sociales motivadas en parte por la molicie a la que la sociedad romana se había abandonado tras obtener su máxima expansión territorial y económica. En ese momento triunfó el mensaje pacífico de Jesús, aunque también lo pudieron hacer los postulados de Mitra, una deidad muy arraigada entre las legiones romanas y con signos muy parecidos a los cristianos. Lo del machismo y demás trasgresiones del culto original, es simple voracidad de los prebostes que dominaban la situación en aquellos siglos y que quisieron con estas decisiones injustas distanciar la realidad humana de una fe a los ojos de una sociedad temerosa por todo lo que supiera a sobrenatural. Ya se sabe que las gentes de escasa formación temen a lo desconocido.

–Podemos pasar revista a los méritos de Europa y su historia, pero, en comparación con Oriente, ¿qué le falta a Occidente? Queremos decir: ¿podría echarse en falta el que tengamos tanto conocimiento pero tan poca “sabiduría”? Terminemos esta entrevista con la cita de un budista chino: “El instante vale diez mil años”. ¿Qué le inspira esta frase?

Siempre me fascinó el equilibrio emocional demostrado por los grandes eruditos orientales. No obstante, yo soy occidental y estas disertaciones emotivas las contemplo desde la distancia. Discrepo en lo concerniente a falta de sabiduría, pues aquí también hemos gozado con la luz emanada desde mentes ilustres. En Asia nos encontramos, por desgracia, mucha sabiduría pero pésimos gobiernos y malas gestiones que han llevado a la zona al borde de la hecatombe. Sólo basta con revisar la historia, país por país: China, Japón, India, Corea… Estoy convencido que con el simple enunciado de estas naciones de inmediato le han surgido en la mente un sinfín de calamidades, hambrunas, guerras, dictaduras, exterminios. En todos los sitios cuecen habas y no nos podemos dejar llevar por falsos espejismos en los que se nos propongan situaciones idílicas a la sombra de un cerezo.

ENTREVISTA A DIONISIO CAÑAS Por CARLOS RODRÍGUEZ GORDO y GUILLERMO DA COSTA PALACIOS

–Quisiéramos comenzar con una pregunta de biografía. ¿Cómo escala un joven nativo de esa provincia que fue del antiguo reino de Castilla la Nueva, Ciudad Real, hasta devenir profesor de Literatura allá junto a la desembocadura del Hudson, en Nueva York?

En el año 1969 conocí a alguien que me invitó a ir a Nueva York. Por otro lado, aquella ciudad era para mí un mito y siempre llevaba una foto del perfil de Nueva York en la cartera. Por lo tanto, sin muchos planes después de haber vivido en Francia durante una década, decidí que mi futuro estaba en aquella ciudad y, después de varios viajes exploratorios, en diciembre del año 1972 llegué a Nueva York y hasta la fecha allí es donde vivo.

–Nació en Tomelloso y ha escrito un libro de Historia que se titula Tomelloso en la frontera del miedo. ¿Por qué ese título? Díganos algo a propósito de su localidad natal en relación con la cultura, en general, y con la poesía en particular.

El título Tomelloso en la frontera del miedo proviene de un libro de Francisco García Pavón; no recuerdo el título de su libro. Como mi estudio trata del periodo más conflictivo de la historia de Tomelloso, 1931-1951, Segunda República, Guerra Civil y Dictadura Franquista, me parecía que el título reflejaba bien la incertidumbre en la que se vivió en Tomelloso, y en España, durante aquel periodo.
Tomelloso es un pueblo en el que la pintura y la literatura han estado presentes siempre. Ambos campos nos han dado figuras muy importantes: en literatura García Pavón, Eladio Cabañero y Félix Grande son los más destacados, en pintura Francisco Carretero, Antonio López Torres y Antonio López García son pintores extraordinarios.
Yo intento escribir poesía esté donde esté (Nueva York o Tomelloso), por esta razón tengo poemas que son urbanos (los escritos en NY o con la memoria de NY) y rurales (los escritos en Tomelloso o con la memoria de Tomelloso). Pero también he escrito poemas que están relacionados con mis viajes por Latinoamérica y por España en general; además de otros poemas cuyos temas son fotográficos, cuadros, personajes que me han impresionado por una razón u otra. En la poesía lo importante es ser auténticos, verdaderos, no importa tanto el tema como la autenticidad del poeta que se expresa a través de cualquier tema.

–Díganos cuáles son sus filósofos preferidos y por qué.

Mis filósofos, o más bien pensadores, preferidos son: Diógenes, Séneca, Orígenes, Baltasar Gracián, Nietzsche, Unamuno, Ortega, Sartre, Camus, Merleau-Ponty, Cioran y Eugenio Trías. Leo varias tendencias filosóficas porque cada uno de estos autores me aportan una plataforma para pensar sobre mi existencia y sobre el mundo que me rodea. A mí me gusta el ensayo en general, sobre cualquier tema, por eso yo no hablaría de filósofos sino de pensadores. Pero a veces encuentro los pensamientos más profundos en la poesía, en la novela, en las conversaciones de la gente, en un bar de pueblo. Lo importante es estar siempre dispuesto a aprender de los demás, estar atentos. La disponibilidad de la mente y del corazón son dos elementos esenciales para permanecer jóvenes hasta la muerte: la disponibilidad de la mente nos ayuda a ser humildes y a aprender de cualquier persona, la disponibilidad del corazón nos da la esperanza de enamorarnos más allá de las fuerzas físicas, más allá de la muerte misma.

– Una gran parte de su obra creativa está escrita en verso; sin embargo, muchos sólo le conocen por sus espléndidos trabajos e introitos a las producciones de los poetas de la década de los cincuenta. ¿Es usted partidario de esa codificación en géneros y generaciones de la profusa literatura desarrollada luego de la guerra civil?

No, no soy partidario de ninguna división por géneros o por generaciones; la palabra escrita es buena o es mala, eso es todo. Se quedan demasiados autores fuera del canon por culpa de estas divisiones y, por el contrario, algunos autores que no merece la pena que se lean están en el canon sólo porque han pertenecido a una generación brillante, aunque ellos o ellas no lo sean.

– Los escritores de la época a que nos referíamos arriba consideraban la poesía, al decir de Gabriel Celaya, como un “instrumento, entre otros, para transformar el mundo”. ¿Qué le sugiere en el presente esa frase, y cómo aprecia el panorama social y poético actual en relación con ella?

La expresión de Gabriel Celaya es una hermosa utopía pero, desgraciadamente, ningún poeta transforma el mundo, el mundo nos transforma a nosotros. La Historia es un proceso de construcción y de destrucción, como la Naturaleza pero como si la Historia fuera una naturaleza armada hasta los dientes. La poesía puede transformar nuestra forma de mirar el mundo, la realidad, la existencia, pero padecemos la Historia. Ponemos la mejor cara posible, decimos frases hermosas para convencernos a nosotros mismos de que en verdad podemos transformar el mundo, la Historia, con nuestras palabras pero no es así. Unos dicen palabras hermosas, otros pintan, otros ayudan a los demás, pero todos somos las víctimas de la irracionalidad y del absurdo de la Historia. A veces estamos subidos en la cresta de la ola y nos sentimos muy bien porque no vemos su caída, que es la nuestra, pero ya se sabe el destino de las olas. A veces caemos en la Historia como una mosca en un vaso de leche y, de repente, esa mosca se nota como si fuera lo más importante del mundo. Pero si lo pensamos bien el 99% del vaso es leche, es decir, Historia, que mantiene el 1%, que es la mosca. De los famosos grandes hombres que han cambiado el curso de la Historia (Cristo, Marx, Freud), pronto sus doctrinas se han institucionalizado y se han vuelto a cometer los mismos errores contra los que lucharon: el cristianismo luchó contra la corrupción romana y en la Edad Media la iglesia misma se corrompió, Marx quiso darle el poder al pueblo y ese mismo poder se convirtió en una dictadura contra el pueblo, Freud quiso entender al ser humano y después sus seguidores convirtieron en un negocio asqueroso sus doctrinas. Lo único positivo de todo esto es que algo ha quedado de todas sus doctrinas: el cristianismo auténtico es loable, el comunismo ha hecho que pueda existir un capitalismo más justo, el psicoanálisis ha permitido que a los enfermos mentales no se les vea como unos parásitos de la sociedad. Creo de verdad que hay que hacer algo por mejorar el mundo, pero sin esperar resultados muy espectaculares. La ecología, la justicia social mundial y la ayuda a los países más pobres es una tarea a la que todos debemos contribuir de alguna manera.

– Por cierto: ¿Qué fue exactamente esa “acción-paseo” urbana en pos de la basura que usted, junto a otros, desarrolló en julio de 2002 en Cuenca, aquello que llamaron “El gran poema de nadie”?

“El gran poema de nadie” es una acción poética que se inició en Cuenca y que seguiré haciendo este año en el Festival Internacional de Poesía de Barcelona. Consiste en recoger de la basura palabras estén donde estén impresas: cajas, papeles, servilletas de papel, vasos de plástico, carteles de la calle… Esto lo hago siempre en grupo. Luego nos reunimos todos y recortamos las palabras impresas que hemos sacado de la basura y componemos un poema uniendo, pegando esas palabras sobre un gran papel. La filosofía es: “Con la basura de todos escribiremos el gran poema de nadie”. Es un proyecto que pienso llevar a cualquier ciudad de España que le interese. Dentro de unos años pienso unir todos los fragmentos, transcribirlos, y publicarlo de una forma anónima como “El gran poema de nadie”.

– Otro inciso: Sabemos de un colectivo cultural con el que colabora y que se llama “Estrujenbank”. Denos parte de él.

“Estrujenbank” fue un colectivo de artistas que se originó en Nueva York en el año 1987 y cuyos componentes principales fueron Patricia Gadea, Juan Ugalde y yo. Hicimos exposiciones, acciones políticoculturales, tuvimos una galería de arte en Madrid, publicamos una revista y un libro, Los tigres se perfuman con dinamita (una editorial de Barcelona va a volver a publicar este libro). Éramos, pues, un grupo de acción político-cultural-artístico. La idea básica era la de contaminar el arte y la vida cultural con una conciencia política para que la gente no se durmiera con los triunfos socialistas de aquellos años.

– Volviendo a la poesía. José Hierro, que murió no hace mucho, era amigo suyo; además, escribió Cuaderno de Nueva York en su piso de Manhattan. Como él mismo decía, fue el poeta, por antonomasia, testimonial de la posguerra. Lírica social, sensaciones que experimenta el hombre solitario… ¿Quién y cómo era José Hierro? Y, a propósito de su Libro de las alucinaciones, en el que el poeta insiste en lo que experimenta cuando escucha a Bach o Vivaldi, díganos –de paso– qué música prefiere usted.

No puedo explicar aquí la enorme importancia que tuvo José Hierro en la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, pero sí puedo decir que fue un extraordinario poeta y una excelente persona. Su obra es una mezcla de alucinaciones voluntarias y de crónicas voluntariosas, pero en verdad toda su obra es una autobiografía en verso.
La música me gusta en general, no tengo preferencias, aunque la música experimental y la popular son las que más me gustan. La escuela de Viena de principios del XX es la que más me interesa en general; Berg en particular.

– En uno de sus libros de crítica expone usted la relación entre la ciudad de Nueva York y los escritores hispánicos. ¿Puede iluminarnos brevemente en este sentido?

Yo creo que lo mejor es que quien esté interesado en este tema lea mi libro El poeta y la ciudad.

– Es usted especialista en Literatura Peninsular, pero, ¿por qué autores anglosajones, por así decirlo, tiene más debilidad?

Walt Whitman, Wallace Stevens y todo el romanticismo inglés son mis escritores anglosajones preferidos, pero no los únicos que leo.

– Vivió ocho años en Francia y le exhortamos a que nos retrate su actividad allí. Además, y a propósito de Francia, en su último libro de poesía, Corazón de perro, nos ha llamado la atención que subtitule algunos de los poemas con la expresión “paseando con Cioran”. ¿Conoció a Cioran personalmente? ¿Qué opina de él?

Mi familia emigró a Francia cuando yo tenía 10 años. Allí me eduqué y allí viví los años 60 con una gran intensidad. Cioran es uno de mis pensadores preferidos, aunque no lo conocí en mis años de Francia. En mi último libro de poemas uso algunos de sus pensamientos, frases, por esta razón pongo lo de “paseando con Cioran”. Yo trabajo algunos poemas reciclando frases de autores que me gustan, porque sé que no puedo decir lo mismo mejor que ellos, por esta razón menciono algo para que no se crea que estoy copiando a nadie sino que lo que estoy haciendo es invitando al lector a que lea a Cioran.

–¿Se vincula usted a algún tipo de “sentimiento religioso”? No sabemos si está bien formulada la pregunta. Nos referimos a si cree en Dios y a cuál es su percepción de lo trascendente frente a lo inmanente. ¿En qué plano, pues, cabría situar su concepción de la existencia humana?

Todo lo que hago en la vida tiene una sola dirección: la búsqueda del amor humano en su doble sentido individual y social. Cuanto más leo, cuanto más escribo, cuanto más pienso, siempre llego a la misma conclusión: amar y ser amado es el eje de lo humano, de lo religioso, de lo intelectual, por lo menos en mí. De ahí quizás que sí pueda decir que soy una persona religiosa, pero no practico ninguna religión, que soy un pensador, pero si tuviera que pensar abstractamente no podría…

– ¿Cuál es, a su juicio, el porvenir de quienes estudiamos filosofía en la Universidad?

La filosofía, como la poesía, no sirve para nada y esa es su grandeza. Admiro profundamente a cualquier persona que se dedique a la filosofía porque ésta, con la poesía, es el único remanente de idealismo que nos queda. La filosofía es el arco de luz que va desde el nacimiento a la muerte; la sombra de este arco de luz es la que debemos salvar. Pero la enseñanza de la filosofía es absurdamente mecánica. Cualquier estudiante de filosofía lo que debe hacer, además de leer a los grandes maestros, es estar siempre entre la gente, por estúpida y banal que nos parezca a veces esa gente. En la vida es donde está el origen y la fuente de toda filosofía y en las universidades no se sale nunca a la calle. Estar atentos a la vida, al lenguaje de la vida, eso es lo que nos enseña la filosofía. Como profesión me parece una carrera excelente: ¿hay tarea más hermosa que pasarse la vida pensando en el ser humano?

ENTREVISTA A LEONARD SUSSKIND Por GUILLERMO DA COSTA PALACIOS y CARLOS RODRÍGUEZ GORDO
Traducción: Carlos Rodríguez Gordo


–Nuestra entrevista emana del convencimiento de que hay proximidades lógicas, epistemológicas, metafísicas y estéticas –cuando menos– entre la Física y la Filosofía. Que ambas manifiestan la particularidad de querer descubrir lo que apunta la ya vieja máxima que se pregunta de dónde venimos y quiénes somos. Isaac Asimov reseña, en su Introducción a Nueva Guía de la Ciencia, que «uno no puede sentirse a gusto en el mundo moderno, a menos que tenga una noción inteligente de lo que trata de conseguir la Ciencia». ¿Qué opina sobre esto?

¿De dónde venimos y quiénes somos? Encuentro difícil responder a preguntas como esas. Son demasiado grandes. De acuerdo, intentémoslo:
Somos una estirpe de cavernícolas primitivos que se ocupan de una pieza de gran sofisticación tecnológica (el mundo físico) del futuro. Está enterrado en sus tres cuartas partes, con tan sólo una pequeña telita que asoma. No la entendemos, así que golpeamos a su alrededor y nos tratamos de figurar qué es, cómo funciona, si tiene un propósito y quién la puso allí. Aprendemos que si golpeamos aquí, se verá allá. Descubrimos algunas reglas. Los filósofos cavernícolas discuten indefinidamente sobre su significado, pero lo que realmente necesitamos es un mecánico que lo coja, lo aparte y juguetee con él. Para esto están los físicos.

–Sr. Susskind, ¿qué es, dicho concisamente, la «Teoría de cuerdas»? ¿Por qué se postula como candidata a ser una teoría unificadora, una «teoría del todo»? ¿Y en qué sentido supone una tesis fundamental para construir el modelo actual que explicaría la constitución básica del Universo?

La Teoría de cuerdas es la única teoría matemática que contiene aquello que sabemos sobre la gravitación, junto con la mecánica cuántica. Otras teorías más tempranas, como la electrodinámica cuántica, no contemplaban fuerzas gravitacionales entre las partículas. Podrían haberlas añadido, pero habrían arruinado la consistencia matemática de la teoría. Así que podríamos decir que las teorías anteriores sólo eran consistentes si no existiera la fuerza gravitacional. La Teoría de cuerdas no sólo incluye la gravedad sino que sería inconsistente sin ella. Solíamos decir que esta teoría podía proporcionarnos un acercamiento hacia una descripción única del universo, pero estamos encontrando que realmente es una teoría de la diversidad. El universo puede ser rellenado por muchos tipos de regiones con todo tipo de propiedades exclusivas y la teoría de cuerdas clasificaría todas las diferentes posibilidades.

–Según una teoría postulada por Gerard t´ Hooft y Raphael Bousso, en el origen de la naturaleza podría haber únicamente ultrapequeños paquetes de información pura. ¿Significa esto que el big-bang que dio lugar al Universo tendría más que ver con una gigantesca bajada de bytes de un superordenador, que con una explosión masiva de materia?

Tenemos que recordar que somos esos cavernícolas mirando una pieza con la tecnología del siglo XXI. Pero t’ Hooft podría estar en lo cierto.

–Se presume que el Universo puede compararse a un holograma, el cual holograma sería el principio matriz sobre el que basar la Teoría de cuerdas. ¿Pero qué es el «Principio Holográfico»? ¿Aparece el mundo ante nosotros como un holograma? ¿En qué sentido la descripción del mundo que se derive de todo esto, el descubrimiento de la ley natural responsable de la evolución cósmica, sería más económica (Bousso) que la que tenemos actualmente?

Lo que sabemos es que si intentas introducir más información (bits) dentro de un volumen de espacio se desbordará produciendo un agujero negro más grande que la región. Así es que hay una cantidad máxima de información posible en cada región. Lo que resulta sorprendente es que el número máximo de bits es proporcional al área de la región, no a su volumen. Esto nos permitió, a t’ Hooft y a mí, llegar a la conclusión de que la descripción de una región de espacio podría hacerse en términos de «pixels» dentro de los límites de las dos dimensiones de tal región, por ejemplo, un «holograma».

–En virtud del «Principio Holográfico», que maneja términos como datos (bits y bytes), y a tenor de que según dicho Principio la naturaleza sería un conjunto de bits preprogramados, díganos: ¿afectarían estas concepciones a las fronteras entre lo real y lo virtual?

Recuerda lo del cavernícola. No lo sé. ¿Somos una realidad virtual en la computadora de alguien? ¿Es ese alguien, a su vez, una realidad virtual en la computadora de otro más?… Golpear, golpear.

–¿Y cuáles son las consecuencias antropológicas derivadas de esta nueva visión del cosmos (puesto del hombre en el Universo)?

Hasta donde puedo alcanzar, podría decir que somos objetos accidentales que habitan regiones no letales donde el medio ambiente parece permitir nuestra existencia. Esta será probablemente una fracción minúscula del universo. Pero de nuevo me estáis pidiendo que os explique el significado filosófico de una máquina antes de que los mecánicos hallan jugado con ella lo suficiente como para saber cómo funciona.

–En abril de 2004, Wayne Hu y Martin White consignaban, en un artículo publicado en Investigación y Ciencia (edición española de Scientific American), que las observaciones recientes de la radiación del fondo cósmico de microondas muestran que el universo primigenio resonaba armoniosamente. A nosotros nos resulta muy curiosa esta tesis, máxime cuando, en virtud de explicaciones completamente incomparables, Pitágoras de Samos mantenía, en el siglo VI a. C. que los cielos emitían una bellísima sinfonía musical… De hecho, esta creencia influyó en Kepler y en Giordano Bruno, entre otros. Pero díganos, señor Susskind, ¿el Universo produce música?

Por supuesto que el universo produce música, pero si escuchamos el sonido del big-bang, no creo que os gustara tanto como Bach o Vivaldi. «Ruido» es un término más apropiado que «música». Algo más parecido a los sonidos provenientes de vuestro aparato digestivo.

–Paulatinamente, los astrónomos disponen de una descripción coherente de lo acontecido en 14.000 millones de años de evolución cósmica, cifra que se acepta como aproximadamente correcta para responder a cuándo ocurrió el big-bang. Ahora bien, ¿qué sucedió antes del big-bang? ¿De dónde procedía el huevo cósmico primigenio del cual hablan los físicos?

Muchos de nosotros, hojalateros, pensamos que el universo sufrió un periodo de inflación exponencial hacia una talla muchísimo más grande que el universo observable. Muy probablemente vino a través de muchas inflaciones durante las cuales se generaron todos los ecosistemas predichos en la Teoría de cuerdas. Al menos, tal y como pienso, es la mejor opción.

–Permítanos solicitarle que nos revele cuál es su impresión respecto a la posibilidad de la existencia de más universos, de más dimensiones.

Creo que la prueba que emana de la cosmología y la Teoría de cuerdas apunta hacia un enorme «megaverso» o «multiverso» lleno de lo que Alan Guth llamaba «universos de bolsillo», cada cual con su propia lista de partículas elementales y sus constantes naturales. La Teoría de cuerdas proporciona un formidable «Paisaje» de posibilidades para estos bolsillos. La razón principal de que tantas posibilidades existan es que las dimensiones extras pueden ser desarrolladas de muy diferentes formas. Muchas de estas formas producen entornos que pueden ser mortales para nosotros, pero una pequeñísima fracción es habitable.

–¿Y qué hay de los viajes en el tiempo?

Es fácil si quieres ir al futuro. Hay muchas maneras de hacerlo: usando los agujeros negros, la paradoja de los gemelos, etc. Probablemente la manera más sencilla de hacerlo sea irse a dormir. En un abrir y cerrar de ojos te levantas y es ocho horas más tarde. Es volver al presente o regresar al pasado lo que parece complicado. El viaje hacia el futuro no es un problema. El viaje al pasado es, en mi opinión, imposible.

–Quisiéramos saber si, en un sentido lato, es usted pesimista u optimista respecto del progreso tecnológico galopante ocurrido en este siglo (por ejemplo, en lo que se refiere a la preservación del medio ambiente.)

Soy de las dos maneras. Temo lo que el hombre está haciendo con el medioambiente y veo poca sabiduría en nuestros líderes. Las decisiones las toman personas poderosas movidas por el propio interés y sus seguidores. Sin embargo, ahora hay muchísima más conciencia de la fragilidad del medioambiente que la que ha habido nunca. Es una carrera. La degradación del medioambiente y la superpoblación frente a la reforestación, los programas de limpieza del aire, los recursos de energías renovables, etc. ¿Quién ganará? No lo sé.

–En otro orden de cosas. Einstein se confesó creyente en el Dios de Spinoza. Stephen Hawking, en su Historia del tiempo, sostiene que «si el universo tiene un principio, podemos suponer que tiene un creador. Pero si fuese totalmente autocontenido, no tendría ni origen ni fin: simplemente, sería. ¿Para qué, pues, un creador?». Mientras que Ilya Prigogine advertía de que si el mundo es determinista, entonces «Dios queda reducido a un mero archivero que va pasando páginas de un libro de historia cósmica escrito de antemano»… Y Carl Sagan pensaba que para salvar nuestro planeta y preservar el medio ambiente es necesaria una estrecha colaboración entre científicos y religiosos. Por otra parte, el pensador rumano E. M. Cioran creía que en esta época sólo podemos ser ya «ex creyentes, mentalidades religiosas sin religión». Pero, ¿cree que acabará la física con los misterios? ¿En qué horizonte cabría situar –si la hay– su receptividad religiosa, Dr. Susskind? ¿Cree en Dios? ¿En qué Dios?

Somos trogloditas mirando una pieza cuyo equipamiento está más allá de nuestro conocimiento. Pero encuentro la idea de Dios muy desconcertante. ¿Quién creó a Dios? ¿Puede Dios violar las leyes de la mecánica cuántica? El que crea que posee las respuestas está lleno de tonterías.

–Sabemos cuál es, en sentido biológico y físico, la finalidad que tienen el envejecimiento y la extinción. Lo que quisiéramos pedirle es que nos explique, en un sentido más filosófico o existencial, cómo entiende y afronta usted la muerte; y si es algo que le preocupe u obsesione.

No me gusta aunque, por otro lado, la idea de vivir eternamente parece demasiado largo. Sobrellevo la idea de la muerte viviendo.

ENTREVISTA A JUAN CARLOS OCHOA ABAURRE Por IVÁN ROJAS GARACHANA, GUILLERMO DA COSTA PALACIOS y CARLOS RODRÍGUEZ GORDO

–¿Qué fue lo que atrajo al joven Juan Carlos Ochoa hacia el proceloso mar de la Filosofía; y, después, qué hizo que dirigiera su batel hacia la animosa orilla de la Antropología?

Creo que quienes nos embarcamos en la aventura de la Filosofía y de la Antropología intentamos encontrar una respuesta clara y consciente a la inquietud de la búsqueda que define al hombre; de hecho todas las filosofías intentan responder a esta necesidad y también cada uno de nosotros, aunque los caminos que se tomen sean distintos. De aquí, que no me parezca acertado separar de forma disciplinar la Filosofía y la Antropología.

–Pensamos que el oficio de antropólogo impone, al menos en su caso, la necesidad de viajar constantemente y la de vivir largas temporadas en un hogar que no es el suyo, estudiando otras culturas. ¿Qué supone para usted esta exigencia? ¿Es una carga que a menudo se hace pesada o, por el contrario, lo ve como un disfrute añadido a su trabajo?

Siempre resulta incómodo abandonar los hábitos cotidianos, pero el hecho de tener que adoptar y aclimatarse a otras costumbres y, en consecuencia, vivir otras experiencias y romper con la rutina cultural en la que a menudo caemos es muy enriquecedor y en mi caso se ha convertido en una necesidad casi vital, precisamente porque tengo la convicción de que conocer al otro es conocerse a uno mismo.

–En cuanto al trabajo de campo, ¿cuál es su procedimiento?, ¿toma notas constantemente, como dicen que hacía Carlos Castaneda, o se dedica primeramente a vivir con intensidad su experiencia y, posteriormente, a anotarla?

Creo que la metodología de campo es muy relativa y que no se puede hablar de un único método y de unas reglas establecidas para lograr un rango científico. La Filosofía como la Antropología es primeramente vivencial, y en el caso de la obra de Castaneda es, en esencia, una narración de sus experiencias. Yo personalmente no sigo ningún método establecido, salvo la particularidad de la propia experiencia y de la empatía.

–Díganos, en líneas generales, cómo es su experiencia con los pueblos indígenas. ¿Le tratan afectuosamente? ¿Hasta qué punto le integran en su comunidad?

Los pueblos indígenas son, a causa de su aislamiento, etnocentristas pero no excluyentes. Cuesta entrar a formar parte de su estructura social y cuando se consigue surge una relación de la que es difícil desprenderse y olvidar. Yo experimenté que, después de un tiempo de convivencia, no tenía cabida, ni para ellos ni para mí, la separación, la despedida o la ausencia: irse era volver y esto tiene unas connotaciones antropológicas muy importantes.

–Hace pocos meses, en un curso sobre chamanismo que impartía usted en Salamanca, refirió cómo una vez tuvo que intervenir en una reyerta acaecida dentro de la aldea que estudiaba, pelea que se desató luego de que el chamán local fallase en uno de sus métodos… Pero, díganos, ¿realmente potencia este tipo de investigaciones un contacto más humano y directo con los nativos? ¿Y no es muy interesante que al trabajo objetivo o académico le secunde un beneficio personal, en cuanto al contacto y al aprendizaje con otras gentes?

En un principio mi intención no es hacer estudios académicos de los indígenas o de sus comportamientos, sino, como os decía antes, convivir y compartir sus conocimientos y después reflexionar y asimilar los acontecimientos de los que saco unas conclusiones, sobre todo en el ámbito de la afectividad y de la conciencia: me doy cuenta que algo me sensibiliza, que algo pone en tela de juicio mi herencia cultural y que mi conciencia se amplía a otras dimensiones más profundas.

–Usted estudió Filosofía, pero se dedica principalmente a la Antropología, haciendo trabajo de campo e impartiendo dicha disciplina en la Universidad, ¿no es así? Nos gustaría saber qué diferencias advierte entre una y otra materia.

Sí, así es, con mi formación filosófica imparto un curso sobre chamanismo en el programa de Antropología de Iberoamérica y sinceramente creo que es una buena combinación formativa. Por otra parte, tanto la Filosofía como la Antropología comprenden, cada una de ellas, múltiples disciplinas entre las que, en ningún caso, se advierte contraposición sino más bien complementariedad.

–¿Qué cree que debiera aprender la filosofía de la antropología?

Creo que la disciplina que mejor refleja esa conjunción entre Antropología y Filosofía es la Antropología Filosófica (que es, precisamente, la temática de mi Tesis Doctoral), porque aquí se tratan temas de Filosofía que requieren un apoyo antropológico y viceversa. Pero, tal vez lo más interesante de este tratado reside en que ofrece la posibilidad de estudiar los distintos asuntos desde una perspectiva distinta a lo convencional, es decir, alternativa.

–Como antropólogo, gran parte de su trabajo se ha centrado en estudiar el fenómeno de lo «primitivo» en diferentes partes del mundo. A la luz de su experiencia, ¿piensa que hay una especie de unidad de fondo o conciencia universal, que liga todas las tradiciones del mundo en una serie de pautas comunes que subyacen a sus particularidades regionales? ¿Cómo explica usted este fenómeno?

Esto es, precisamente, lo que la postura alternativa de la Antropología Filosófica nos permite descubrir: la perennidad. Aunque ante la ortodoxia académica es difícil de demostrar, yo estoy convencido de que por encima de las particularidades biológicas, personales y culturales existe una dimensión que sitúa a todos los seres, ya desde el inicio de la vida, en una duración trascendente dentro de un Todo regido por una única conciencia: es la perpetuidad de la transcendentalidad lo que nos une en una Cultura común de identidad universal.

–Díganos: ¿Cómo valora la situación actual de los indígenas de todo el mundo? ¿Qué sospecha respecto de la degradación de las culturas populares y de su eventual desaparición?

Desde luego, lo que no se puede negar es el proceso de aculturación de los pueblos indígenas que comenzó incluso antes de la época de las conquistas y en el que han influido y siguen afectando multitud de factores que todos conocemos. Sin embargo, yo soy de la opinión (más bien optimista) de que todos los movimientos actuales de revivalismo, propiciados por muchas comunidades indígenas, conseguirán que sus tradiciones sobrevivan en un mundo invadido por la globalización, precisamente porque esta corriente intenta armonizar, a pesar de los muchos problemas existentes, tradición y modernidad desde una perspectiva universalista.

–Usted nos acercó a todos a los mitos y tradiciones con los que conviven los indígenas de la Amazonía en su libro Mito y chamanismo en el Amazonas (Eunate, Pamplona 2003). ¿Puede describir brevemente la visión del mundo que se encontró allí? ¿En qué aspectos contrasta o es incluso una refutación de la nuestra?

Lo que más me llamó la atención del mundo amazónico fue ver cómo su pensamiento estaba regido por categorías cognoscitivas míticas, rituales e intuitivas y que, ante nuestro proceder puramente racional, consolidaban una Filosofía práctica de la vida tan válida, incluso en algunos casos más, que lo que los mandatos de nuestra razón nos ofrecen. Es decir, que las estructuras sociales y culturales de organización y de comportamiento de estos pueblos responden, a diferencia de nuestra cultura, más a unas visiones del mundo guiadas por unas creencias ancestrales de orden mágico que a un pensamiento y a una moralidad impuesta por la cultura de la razón. Por eso, hoy se puede hablar de una Filosofía indígena de realismo mágico.

–Cierta filosofía académica o erudita desprecia con frecuencia ese tipo de conocimiento más radical e intuitivo que atesoran el chamanismo, la Cábala, la alquimia o la sabiduría sufí… Empero, hoy hay quien elogia la capacidad conocedora de muchas culturas preindustriales, como la precolombina, la egipcia o la de los aborígenes australianos. ¿Qué le parece esa falta de reconocimiento de los saberes primitivos que aqueja a Occidente?

Desde luego, no admitir este tipo de saberes responde a una visión partidista de la misma Filosofía Occidental, porque filósofos como Hesíodo, Empédocles, Heráclito, Hermes Trimegisto, Pitágoras, Platón, Jámblico, Lactancio, Porfirio, Ficino, los utopistas, Rousseau, Nietzsche, Hölderlin y los Románticos, Thoreau, Wilber, Panikker entre otros y los autores Conford, Danielou, Dodds, Droz, Graves, Gordon, Ruck, y Eliade y Jung y el Círculo de Eranos, hablan de la Filosofía del retorno del pensamiento mítico.

–Desde muchos enfoques se discute ahora acerca del valor positivo de acoger la interculturalidad como impulso efectivo de la conciencia humana. Pero ¿qué valores –tanto sociales como individuales– de las sociedades chamánicas deberíamos tener en cuenta nosotros? ¿Nos puede destacar alguna aportación que el chamanismo podría tener en la vida de Occidente?

Los autores mencionados antes señalan que el chamanismo es una técnica espiritual de curación y de adivinación que ya se daba en la cultura Occidental desde la época griega y que incluso se prolongó hasta nuestros días. Pero lo cierto es que, en Occidente y por factores evidentes, hemos perdido esa visión chamánica del mundo. Sin embargo, también es cierto que el actual fenómeno de la interculturalidad nos ofrece recuperar valores de orden mágico, sagrado, ecológico y espiritual, y sobre todo los representados por el éxtasis chamánico de la Conciencia: la Conciencia sin fronteras.

–Conversemos ahora sobre una figura muy conocida por usted: el chamán. ¿Cómo definiría usted a este personaje? ¿Es una especie de genio embaucador, un hombre santo, un médico total, un místico que encarna lo esencial de su propia tradición; es todo esto junto?

Me resulta difícil definir en pocas palabras qué es un chamán: en Grecia le denominaban Iatromante y en Europa Místico y posteriormente Brujo. Hoy sólo tenemos el modelo de los chamanes de las zonas no industrializadas, como el caso de la Amazonía. Aquí el chamán es, desde mi punto de vista a diferencia del brujo, un curandero que por medio de rituales mágico-religiosos tiene la capacidad de lograr el equilibrio físico y psíquico de la gente y el poder, para el bien o para el mal, de contactar con los espíritus de los antepasados, los aliados, con quienes se comunica de forma espiritual para recibir el conocimiento de los saberes ancestrales y así lograr la armonía con las fuerzas divinas de la Naturaleza, con el fin último de mediar entre los diversos mundos que componen el universo indígena.

–En torno al chamán todavía: ¿podríamos advertir algún parecido entre el chamán y el filósofo tal y como lo entendemos nosotros?

Algunos Iatromantes griegos fueron filósofos y también algunos místicos de la Edad Media, pero nuestra concepción de Filósofo, intelectual y racional, en nada corresponde a la figura del chamán tal y como lo he descrito antes. El chamán adquiere el conocimiento por medio de las experiencias visionarias que se perciben en el estado de trance, en la mayoría de los casos provocados por alguna sustancia alucinógena que en el Amazonas es la Ayahuasca –usada como planta sagrada de propiedades mágicas– . Así que, a diferencia de la mayoría de los filósofos Occidentales los chamanes son los especialistas en decodificar la otra realidad, la realidad oculta.

–Muchas veces tenemos la perspectiva del chamán como una especie de ser apartado de la actualidad, idealizado por unos e ignorado por otros. Sin embargo, hay multitud de chamanes que habitan el mismo mundo que nosotros, el de la polución, las guerras, Internet…, que quizá hayan adaptado sus formas a la cultura de la postmodernidad. ¿Podría decirnos algo acerca de cómo es el chamán de hoy?

Hoy en día, la mayoría de los chamanes –los auténticos chamanes– viven y actúan de acuerdo a formas sincréticas y en cierto modo occidentales, pero su contenido sigue siendo el de siempre: podemos encontrarlos viviendo en las ciudades o realizando ceremonias con elementos cristianos, sin embargo sus rituales responden en el fondo a una Cosmovisión heredada de sus antepasados. Por eso, puede decirse que ni el Cristianismo ni la Modernidad ha logrado –en estos casos de autenticidad– suplantar la tradición chamánica ancestral.

–Como sabemos, el chamanismo es un fenómeno antiquísimo, entre otras cosas mucho más antiguo que la filosofía. Sus orígenes pueden remontarse al Paleolítico. Díganos: ¿cuándo surge la primera chispa de chamanismo; y dónde y cómo se ha ido desarrollando hasta hoy?

Hoy podemos saber que las pinturas rupestres del Paleolítico son representaciones de la religiosidad chamánica de aquélla época. Por ello, podemos hablar del chamanismo como la primera religión de la humanidad, cuyos ritos se fueron desarrollando con el transcurso de la evolución del homo sapiens, y así trascendió al surgimiento de las distintas religiones de las diferentes culturas. Yo estoy convencido de que un análisis hermenéutico del simbolismo de las religiones actuales nos remite a un pasado común de técnicas chamánicas.

–Esa especie de brujo bueno que quizá sea el chamán, se ayuda a veces de sustancias como la ayahuasca, que le procuran visiones, transportándole a esa otra realidad donde puede consultar a los ancestros… ¿Menoscaba el uso de las drogas la autenticidad de la experiencia chamánica? ¿Es el sentido chamánico de la trascendencia sólo o en parte resultado de la ingestión de sustancias alucinógenas?

Es muy importante aclarar que el uso de estas sustancias por parte de los chamanes, y a diferencia de la utilidad que le damos en nuestra cultura, se hace siempre en el marco de un ritual sagrado, con un sentido religioso, con medios espirituales y con unos fines terapéuticos; y que este es el camino para alcanzar el estado de trance primero y el estado chamánico de la conciencia después.

–Se presume que los chamanes curan cuerpo y mente con remedios naturales. En ese proceso de curación, tales chamanes alcanzan un estado de trance en el cual les es revelado un conocimiento sólo para iniciados que sana a su paciente sin necesidad de medicamentos sintéticos. ¿Están estudiados técnica o científicamente los procesos psíquicos y físicos por los que transita el chamán en todo ese período de éxtasis o de «vuelo curativo»?

Los chamanes del Amazonas hablan de que ellos poseen la Ciencia –en el mismo sentido que nosotros damos a este concepto– como el conocimiento del uso de la etnobotánica necesario para curar. En nuestros días y aunque no son muy frecuentes, existen estudios serios sobre el procedimiento y la efectividad de las técnicas chamánicas, que incluso ya se están empleando en terapias alternativas –como etnopsiquiatría, etnopsicología, bioenergética– para tratar enfermedades del cuerpo y del alma.

–José María Poveda se refería en cierta ocasión a Juan de la Cruz, Teresa de Ávila y otros santos españoles como los «chamanes de aquí» o «nuestros chamanes». ¿Qué opina de esta equiparación?

Pues creo que es una visión, en cierto modo, muy acertada, porque estudios recientes que han profundizado, de una forma libre de prejuicios morales y religiosos, en los Místicos españoles han descubierto que su comunicación con lo divino se servía de la técnica del éxtasis y que para alcanzarlo usaban, en muchos casos, sustancias visionarias de la época y la meditación. Pero, no sé hasta qué punto practicaban las curaciones, tan esenciales en la labor chamánica.

–Suele señalarse que para el ojo primitivo la Naturaleza, así como algunas otras instancias del mundo, poseen el estatus de «sagrado». ¿Hemos abandonado nosotros esa noción hasta el extremo de haber caído en una suerte de nihilismo profundo en el que nada es sagrado, lo cual tal vez implica que nada tiene sentido y que nada merece ser respetado?

Es cierto que, en una gran medida, nuestra trayectoria ha estado marcada por el positivismo, el nihilismo y el pragmatismo, que nos han conducido a una concepción profana de la Naturaleza y a un utilitarismo de su medio ambiente con fines industriales y económicos. Pero, también es cierto que, al mismo tiempo y paralelamente y tal vez hoy más que nunca, existen personas y grupos de personas (intelectuales o no), que reivindican los principios de la Filosofía primitiva en defensa de la Naturaleza y sus seres, por entender que dicha Naturaleza es, lo admitamos o no, sagrada en sí misma, y que creen en la emergencia de una Nueva Conciencia como el único camino para solucionar los problemas actuales.

–Nos gustaría saber, profesor, qué visión tienen los indígenas de nosotros, los seres «civilizados». Y concretamente en Sudamérica, ¿existe aún un enfoque peyorativo de nosotros emanado de la época de la Conquista; se experimenta miedo o rechazo ante los forasteros?

En este sentido y en otros muchos, la visión de los indígenas es muy distinta a la de los mestizos de las ciudades, quienes sí reivindican el pago de una deuda histórica. Los indígenas, sin embargo, viven el aquí y ahora y les preocupa poco el pasado histórico, en realidad para ellos no existe la historia, salvo los acontecimientos míticos de su pasado que continuamente se rememoran en el presente a través de los ritos. Pero esta idea no implica un rechazo de los forasteros o lugareños extraños, siempre y cuando éstos no rompan su equilibrio social y sean capaces de comprender su Cosmovisión y, si es posible, puedan aportar algo al buen funcionamiento de sus comunidades. Así que, cualquiera puede tener la experiencia de una convivencia, teniendo en cuenta estos factores.

–En otro orden de cosas. Hemos leído que hay un proyecto, en la actualidad en manos del Gobierno de Navarra, que supondría recrear la expedición que llevó a cabo el baztanés Pedro de Ursúa por el río Amazonas. ¿Podría explicarnos algo a este propósito? ¿Cómo marcha la realización de dicho proyecto?

Pues, como las cosas de Palacio van despacio, no lo sé. Pero la verdad es que dudo de la sensibilidad de los políticos para casos como este. El proyecto, en sí mismo, es muy interesante y ambicioso: desde un punto de vista filosófico y antropológico, implica recuperar la figura de Ursúa como un gran utopista del siglo XVI que reconoció a muchos pueblos indígenas amazónicos; y como expedición supone un trayecto que desde la costa atraviesa la sierra andina y surca la selva hasta llegar, por el Amazonas, casi hasta Brasil, donde lo mató Lope de Aguirre. Pero, tengo claro que, si el Gobierno de Navarra no lo apoya, buscaré otro camino.

–Nos gustaría saber en qué sentido el mito de la Tierra sin Mal, configurado por el pueblo amazónico de los Tupí-Cocama, puede guardar similitud con la idea del Paraíso que se tiene en la cultura cristiana.

Pues curiosamente, todas las culturas, occidentales y orientales, tienen algún mito que habla de un Paraíso, y todos ellos coinciden en lo esencial: “en la creencia de que hubo un tiempo y un espacio en el que el hombre vivió en comunión con las fuerzas de la Naturaleza y los Dioses y que después, este estado, se destruyó.” Lo importante del mito de la Tierra sin mal de los Cocamas reside en que, desde una perspectiva socio-religiosa indígena, sigue marcando, en gran medida, el pensamiento de sus gentes; y desde el punto de vista de los mitos compartidos tiene semejanza, aunque con ciertos matices culturales, con el mito cristiano y también con el de Osiris, con el de Marduk, con el de Dionisios, con el de Prometeo, etc.

–¿A qué se refiere usted cuando dice que los pueblos indígenas de Perú tienen «una visión mágica de las cosas» que les permite vivir de manera autosuficiente?

Precisamente, el análisis de un capítulo del mito de la Tierra sin mal explica cómo la creencia en este acontecimiento y su próxima repetición implica: una visión mágica de la Naturaleza sobre la que se edifica una etnofilosofía que entiende la Naturaleza –como física y espiritual– habitada por seres y llena de energía; y en consecuencia de esa magia que impregna la Naturaleza se deriva una etnoética de principios ecológicos que permitirán una relación armónica con el medio y la garantía de la permanencia de sus recursos para la subsistencia.

–En Mito y chamanismo en el Amazonas ofrece usted, en una combinación de antropología cultural, ecología, etnología, etnografía, filosofía e historia, una visión del hombre en estado paradisíaco, al referirse a los Tupí-Cocama, así como un testimonio del entendimiento espiritual con la Naturaleza. Pero díganos, ¿es usted religioso? ¿En qué sentido? ¿Cree en Dios?

Tranquilos, preguntas tan directas también me agradan. Creo que, hoy en día, se está elaborando una literatura que nos ofrece una imagen más auténtica y fiel de lo que las religiones fueron en sus primeros tiempos, antes de ser utilizadas como armas de poder, y que nosotros mismos estamos superando muchos prejuicios heredados culturalmente. Yo, personalmente, creo en Deus sive Natura, creo que en la Naturaleza, con mayúsculas, se encuentra la energía de lo Divino y que nosotros somos parte, una pequeña parte, de esa fuerza que lo envuelve todo; creo que en la religiosidad originaria, y tal vez a diferencia de las religiones, encontramos la máxima que reza Todo es Uno y Uno es Todo, y que el hombre como elemento esencial debe comprometerse en su universalidad.

–Abusando ya de su generosidad (llevamos muchas preguntas), y propinando un giro de esos que nos gustan a la conversación: ¿puede decirnos a qué autores lee y le interesan más (ya sean filósofos, ya literatos, etc.), y por qué?

Pues, leo libros de Etnografía, de Filosofía alternativa, novedades de Antropología cultural, etc. Y el autor que más me gusta es Mircea Eliade. Pero no soy un erudito, ni un intelectual, y creo que la experiencia de la vida, sea cual sea y siempre y cuando no atente a las libertades ajenas, es la mejor lectura.
Gracias por todo, lo he pasado muy bien.